Hoja de menta fresca y, opcionalmente, una fina ralladura de cáscara de limón sobre la espuma.
La clave es el equilibrio entre frío y espuma. El espumoso (Prosecco) se añade SIEMPRE al final, muy frío y vertido en hilo poco a poco, batiendo con suavidad solo para integrarlo: nunca se agita en coctelera ni se mezcla con fuerza, porque eso mata las burbujas. El sorbete actúa como cuerpo y como "hielo" que enfría sin diluir; trabaja rápido y sirve de inmediato para conservar la textura frappé y la efervescencia.
El truco de bartender está en la temperatura extrema y en la velocidad: todo congelado, copa helada y servir en el acto. Para una textura aún más sedosa y profesional, monta primero sorbete + vodka hasta dejarlo cremoso y solo entonces incorpora el Prosecco en hilo mientras bates suave; un par de hojas de menta golpeadas perfuman sin saturar y elevan el conjunto sin alterar el equilibrio cítrico.
El Sgroppino es originario de la región del Véneto, en el noreste de Italia, ligado a Venecia. Tradicionalmente se servía como intermezzo, un "limpia-paladar" entre platos en los banquetes venecianos, y su nombre proviene del dialecto véneto: "sgropìn" deriva de la idea de "desatar" o "deshacer" el nudo del estómago para facilitar la digestión. En su forma clásica combina sorbete de limón, vodka y Prosecco, el espumoso emblemático del Véneto.