Granos de café flotando y tira de piel de limón; se sirve humeante en taza de barro
Flambeado (quemado controlado del alcohol) y maceración en caliente
El punto clave está en no quemar demasiado: hay que dejar arder lo justo para tostar el azúcar y aromatizar (la llama pasa de azul a anaranjada cuando se ha consumido parte del alcohol), pero apagarla antes de que pierda toda su fuerza y sabor. Levantar el líquido en llamas con el cazo desde cierta altura no es solo espectáculo: airea y caramela ligeramente la mezcla. Usar un orujo de calidad y limón sin la parte blanca (amarga) evita amargores indeseados.
La queimada es la preparación más representativa e icónica del orujo gallego. Aunque su imaginario la presenta como un rito celta ancestral de meigas (brujas), los estudios la sitúan como una tradición popular consolidada en el siglo XX a partir de costumbres de quemar aguardiente. El elemento que la fijó en la cultura moderna fue el 'conxuro da queimada', un conjuro en gallego cuya versión más difundida fue escrita en 1967 por Mariano Marcos Abalo, un hostelero que lo concibió originalmente para una etiqueta y promoción. El ritual se popularizó enormemente y hoy es seña de identidad de Galicia, asociado especialmente a la Noche de San Juan y otras celebraciones, donde se prepara para 'ahuyentar los malos espíritus'.