Sin guarnición; tradicionalmente se acompaña con mezze, no se decora la bebida. Como mucho, se sirve muy frío.
Build (construido en el vaso) y dilución controlada para provocar el louche
El orden es la regla de oro: arak, después agua, después hielo. Respetar la proporción de un tercio de arak por dos tercios de agua produce el louche perfecto, una textura cremosa y una graduación bebible que permite acompañar la comida durante horas. Usar agua bien fría y un arak de uva de triple destilación marca la diferencia entre un trago áspero y uno sedoso.
Más que un cóctel inventado, es el método de servicio canónico del arak en todo el Levante, transmitido de generación en generación en la mesa libanesa. El orden ritual —arak, luego agua, luego hielo— no es capricho: responde a la química del anetol, que es soluble en alcohol pero insoluble en agua. Al añadir agua antes que el hielo, el anetol precipita uniformemente en microgotas creando la emulsión blanca y sedosa (el louche); si el hielo entra primero, el contacto con el alcohol concentrado y frío hace que el anís cristalice sobre el hielo, opacando el vaso y arruinando la textura. Esta forma de beberlo, lenta y rellenando los vasitos durante horas, está documentada como parte central de la sobremesa libanesa y es inseparable del mezze: el arak diluido limpia el paladar entre bocados grasos y especiados. Es el equivalente levantino del ouzo griego con agua, y constituye la forma más representativa y auténtica de consumir el arak.