La Žilavka es la uva blanca emblemática de Herzegovina, capaz de producir vinos secos de carácter mineral y acidez vibrante que rivalizan en personalidad con muchas denominaciones mediterráneas. Su terruño en e
La zona vinicola de Žilavka se concentra en la región de Herzegovina, en el extremo suroeste de Bosnia y Herzegovina, articulada en torno a la ciudad de Mostar —capital cultural de la región— y los municipios de Čitluk, Ljubuški, Stolac y Čapljina. La cuenca del río Neretva estructura el paisaje vitícola: sus terrazas aluviales y las laderas calizas que la enmarcan definen los mejores pagos. El territorio se sitúa aproximadamente entre las coordenadas 43°N y 17°30'E, a menos de 100 km en línea recta del Adriático, con Montenegro al este y Croacia al norte y oeste.
Bosnia y Herzegovina cuenta con un sistema nacional de Denominación de Origen Protegida (DOP/PDO) alineado con la normativa europea tras el Acuerdo de Estabilización y Asociación con la UE. La Žilavka de Mostar tiene reconocimiento como vino de origen geográfico protegido; sin embargo, la institución reguladora —el Ministerio de Agricultura de la Federación de Bosnia y Herzegovina— opera con menor visibilidad internacional que sus homólogas de la UE.
Los viñedos se ubican mayoritariamente entre 50 y 300 metros sobre el nivel del mar, en terrazas fluviales y laderas suaves del valle del Neretva. El relieve es predominantemente kárstico, con afloramientos rocosos y llanuras aluviales encajonadas entre colinas.
La superficie total de viñedo en Herzegovina ronda las 3.000 a 4.000 hectáreas, de las cuales la Žilavka ocupa una parte significativa aunque no cuantificada oficialmente de forma aislada en estadísticas recientes de acceso público.
El clima es mediterráneo con acentuada influencia continental: veranos largos, secos y muy calurosos —con temperaturas que superan con frecuencia los 35 °C— e inviernos fríos. La proximidad al Adriático modera los extremos térmicos y aporta humedad controlada. La Bora, viento del noreste, ventila los viñedos y reduce la presión fúngica. Los suelos son predominantemente calizos y kársticos, con escasa materia orgánica y excelente drenaje; en las terrazas del Neretva aparecen componentes aluviales de grava y arcilla roja (terra rossa). Esta combinación de roca caliza, calor intenso y estrés hídrico natural produce uvas de piel gruesa —de ahí el nombre žila, 'vena' o 'nervio' en eslavo meridional, aludiendo a su resistencia— con alta acidez natural, extracto considerable y notas minerales que distinguen al vino incluso en añadas cálidas.
Vino blanco seco de cuerpo medio a completo, con acidez pronunciada, notas de durazno, almendra, hierbas secas y un final mineral y ligeramente amargo característico.
Versión elaborada con fermentación o crianza parcial en roble, que añade complejidad especiada y tostada sin eclipsar la expresión frutal y mineral de la variedad.
La viticultura en Herzegovina es antiquísima: los romanos cultivaron viñas en el valle del Neretva, y evidencias arqueológicas apuntan a una presencia vitícola incluso anterior, ligada a civilizaciones ilirias. Durante la Edad Media, el cultivo se mantuvo bajo dominación medieval bosnia y, posteriormente, otomana —a pesar de las restricciones islámicas, el consumo local nunca desapareció del todo, en parte gracias a la población cristiana—. Con la ocupación austro-húngara (1878–1918), la viticultura herzegoviana recibió impulso técnico e institucional, y la Žilavka comenzó a ganar reconocimiento más allá de sus fronteras. En el periodo yugoslavo, grandes cooperativas como Hercegovina Vino de Čitluk centralizaron la producción y exportaron el vino al mercado socialista. La guerra de los Balcanes (1992–1995) causó daños severos a viñedos e infraestructura, pero la reconstrucción posterior trajo consigo una modernización gradual. En las últimas dos décadas, productores familiares y bodegas renovadas han apostado por la Žilavka como símbolo de identidad regional, elevando su calidad y visibilidad internacional.