A menos de cien kilómetros de la capital, la DO Vinos de Madrid rescata viñedos centenarios de Garnacha y Albillo Real a gran altitud, produciendo vinos de carácter atlántico-continental que desafían la imagen
Comunidad de Madrid, centro de la Península Ibérica. La denominación rodea la capital española y se extiende principalmente hacia el sur y el oeste. Limita con las provincias de Toledo, Cuenca y Ávila. El río Tajo discurre al sur de la zona y el río Alberche delimita el flanco occidental. Al norte, la Sierra de Guadarrama actúa como barrera climática. Coordenadas aproximadas: 40°N, 3°–4°O. Ciudades de referencia: Madrid capital, Arganda del Rey, Navalcarnero y San Martín de Valdeiglesias. La zona se organiza en tres subzonas: Arganda (este), Navalcarnero (sur) y San Martín de Valdeiglesias (oeste).
Denominación de Origen (DO), reconocida en 1990 por el Ministerio de Agricultura de España. Cuenta con tres subzonas geográficas diferenciadas: Arganda, Navalcarnero y San Martín de Valdeiglesias, cada una con perfil de suelo y variedad predominante distintos.
Entre 450 y 900 metros sobre el nivel del mar. El relieve es de meseta elevada con pendientes moderadas hacia los valles fluviales; la subzona de San Martín de Valdeiglesias alcanza las cotas más altas, con viñedos en ladera sobre suelos graníticos.
Aproximadamente 11,000–13,000 hectáreas inscritas en la DO, con tendencia a la reducción por presión urbanística, aunque el número de bodegas artesanales ha crecido significativamente desde 2005.
Clima continental semiárido, con influencia moderada de la Sierra de Guadarrama que introduce matices frescos y amplitudes térmicas marcadas (hasta 20 °C de diferencia entre día y noche en verano), clave para preservar acidez y aromas en la uva. Los inviernos son fríos y secos; los veranos, calurosos pero ventilados. Los suelos varían radicalmente entre subzonas: en Arganda predominan arcillas calcáreas y margas sobre un fondo de yeso, que aportan estructura y mineralidad a los Tempranillos; en Navalcarnero los suelos son arenosos y sueltos, históricamente favorables a una Garnacha ligera; en San Martín de Valdeiglesias los suelos graníticos de arena gruesa drenan rápido y ceden a la Garnacha una expresión floral y de fruta roja de gran finura. La altitud frena la maduración, alargando el ciclo vegetativo y produciendo vinos con acidez viva y potencial de guarda notable.
Vinos de fruta roja precisa, textura sedosa y frescura atlántica criados sobre suelos graníticos de viñas viejas.
Tintos de cuerpo medio, tanino firme y perfil más mediterráneo, aptos para crianza en roble.
Blancos de vocación oxidativa o fermentados en barrica, con notas de manzana, cera y salinidad mineral sorprendente.
Elaboraciones de bodegas artesanales que reivindican parcelas centenarias con mínima intervención enológica.
La viticultura en el entorno de Madrid tiene raíces romanas documentadas en la cuenca del Tajo. Durante la Edad Media, los monasterios cistercienses y las órdenes militares extendieron el viñedo para abastecer a la creciente corte castellana. En los siglos XVI y XVII, los vinos de la comarca de Arganda y San Martín abastecían la mesa real y los mesones de la Villa de Madrid; el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo ya los citaba como apreciados. La filoxera llegó a finales del siglo XIX y devastó los viñedos, que se replantaron lentamente en el siglo XX con material de baja calidad y orientación a volumen. Durante décadas, la región produjo vinos de consumo corriente sin pretensiones de guarda. El punto de inflexión llegó en 1990 con el reconocimiento oficial de la DO Vinos de Madrid, y se aceleró a partir de mediados de los 2000 cuando una nueva generación de enólogos (muchos formados en Borgoña o Priorat) redescubrió las viñas viejas de Garnacha en San Martín de Valdeiglesias, algunas con más de cien años, ignoradas o a punto de ser arrancadas. Bodegas como Bernabeleva, Marañones y el proyecto Comando G colocaron a Madrid en el mapa internacional del vino de calidad.