El Alentejo es la gran llanura dorada del sur de Portugal, tierra de corchos, olivares y vinos tintos de carácter pleno y generoso que han conquistado los mercados internacionales desde los años noventa. Sus vi
El Alentejo ocupa el centro-sur de Portugal, al este del río Sado y al norte del Algarve, limitando con España (Extremadura) al este. Abarca aproximadamente un tercio del territorio nacional. Las ciudades de referencia son Évora (patrimonio UNESCO), Beja, Portalegre y Elvas. Los ríos Guadiana y Sado articulan el paisaje. La región se sitúa aproximadamente entre los 37° y 39° de latitud norte. La designación Vinho Regional Alentejano engloba toda la región, mientras que la DOC Alentejo se subdivide en ocho subzonas: Portalegre, Borba, Redondo, Reguengos, Vidigueira, Évora, Granja-Amareleja y Moura.
DOC Alentejo (con ocho subzonas oficiales) bajo el sistema portugués de Denominação de Origem Controlada; por encima de ella, la indicação geográfica Vinho Regional Alentejano permite mayor flexibilidad varietal y de elaboración. Portugal adscribe su normativa al marco de la Unión Europea (DOP/IGP).
La mayor parte de la región se sitúa entre 100 y 300 metros sobre el nivel del mar. La subzona de Portalegre, en la sierra de São Mamede, es la excepción notable, alcanzando viñedos entre 400 y 700 msnm, lo que otorga a sus vinos mayor frescura y acidez.
La DOC Alentejo cuenta con aproximadamente 22.000 hectáreas de viñedo; la denominación Vinho Regional Alentejano abarca una superficie mayor al incluir zonas fuera de las subzonas DOC. El Alentejo es la mayor región vitivinícola de Portugal en producción de vino con DO.
El Alentejo presenta un clima mediterráneo continental seco, con inviernos suaves y veranos extremadamente calurosos y secos: las temperaturas pueden superar los 40 °C en julio y agosto. La escasez de lluvias estivales (precipitación media anual de 500-600 mm, concentrada en otoño-invierno) obliga al cultivo en vaso bajo con bajas densidades. Los suelos dominantes son pizarras y esquistos en el sur (Vidigueira, Granja-Amareleja), granitos y suelos graníticos arenosos en el norte (Portalegre), y suelos de mármol y calcáreo en Estremoz-Borba-Redondo. Esta variedad edáfica, junto con la amplitud térmica nocturna en cotas más elevadas, es clave para obtener tintos con estructura tánica madura, fruta intensa de frutos negros y especias, y en las zonas altas, una acidez que alarga la vida del vino en botella.
Vinos con crianza en roble, taninos maduros, fruta negra concentrada y potencial de envejecimiento de cinco a quince años.
Elaborados en acero inoxidable para preservar la fruta fresca y el carácter varietal, listos para consumo inmediato.
Vinos de mayor altitud con acidez más pronunciada, estructura elegante y notas minerales y de hierbas.
Blancos de Antão Vaz y Arinto, frescos y aromáticos, elaborados con control de temperatura, aunque la región es reconocida principalmente por sus tintos.
La presencia romana en el Alentejo dejó huellas vitivinícolas que aún son visibles en los mosaicos de la villa romana de São Cucufate (siglos II-IV d.C.) y en las excavaciones de Évora. Durante la Edad Media, las órdenes militares —en particular la Orden de Avis y la de Santiago— mantuvieron el cultivo de la vid en sus encomiendas. Sin embargo, la región languideció durante siglos como productora de vinos a granel de escasa reputación. La revolución llegó en los años ochenta y noventa del siglo XX: la entrada de Portugal en la Comunidad Europea (1986) atrajo inversión, y pioneros como José Rui Reguinga y bodegas como Esporão y José Maria da Fonseca modernizaron radicalmente la viticultura y la enología. La DOC Alentejo fue oficialmente reconocida en 1988. Desde entonces, el Alentejo pasó de ser una región ignorada a representar en torno al 40 % del vino DOC consumido en Portugal y a exportar con éxito a mercados europeos, americanos y asiáticos.