Cuna del Sangiovese y hogar del Chianti, la Toscana es la región vinícola más emblemática de Italia, donde la tradición medieval se funde con una vanguardia que revolucionó el mundo del vino en las últimas déca
La Toscana (Toscana) se extiende en el centro-oeste de Italia, entre el mar Tirreno al oeste y los Apeninos al este y norte. Limita con Liguria y Emilia-Romaña al norte, Umbría y Lazio al sur. Las principales referencias urbanas son Florencia, Siena, Arezzo, Lucca y Livorno. El territorio es predominantemente colinoso, surcado por los ríos Arno, Ombrone y Orcia. Coordenadas aproximadas: 43°N, 11°E. Las zonas de viñedo más importantes —Chianti Classico, Montalcino, Montepulciano— se concentran entre los 200 y 600 metros sobre el nivel del mar en las colinas del interior.
Italia aplica el sistema DOC/DOCG (Denominazione di Origine Controllata e Garantita). Toscana cuenta con 11 DOCG —entre ellas Chianti, Chianti Classico, Brunello di Montalcino, Vino Nobile di Montepulciano, Vernaccia di San Gimignano y Morellino di Scansano— y más de 40 DOC, además de la IGT Toscana, categoría que acoge a los llamados 'Supertoscanos'.
200–600 m s. n. m. en las zonas de colina; viñedos excepcionales en Montalcino alcanzan los 550–600 m. El relieve es ondulado a escarpado, con cimas aplanadas (le 'crete') y valles fluviales.
Aproximadamente 63 000 hectáreas de viñedo en producción, lo que sitúa a Toscana entre las cinco regiones vinícolas más grandes de Italia en superficie cultivada.
El clima es mediterráneo templado, con veranos cálidos y secos e inviernos suaves, atemperado por la altitud de las colinas y la influencia marítima del Tirreno en la Maremma. Las lluvias se concentran en otoño y primavera. Los suelos son extraordinariamente variados: galestro (esquisto calizo friable y bien drenado) y alberese (arcilla compacta calcárea) dominan en Chianti Classico, aportando finura y acidez al Sangiovese; arcillas más ricas y roca volcánica caracterizan Montalcino; suelos arenosos y arcillo-limosos en la costa (Bolgheri). Esta diversidad pedológica, combinada con la altitud y la orientación de las laderas, define taninos firmes, acidez vivaz y una capacidad de guarda notable que distingue a los grandes tintos toscanos.
Sangiovese Grosso (Brunello) de crianza mínima cinco años, potente, tánico y con una longevidad excepcional.
Sangiovese de al menos 80 %, elegante y de acidez fresca, con categorías Annata, Riserva y Gran Selezione.
Prugnolo Gentile (clon de Sangiovese) con cuerpo y estructura, notas terrosas y de cereza madura.
Ensamblajes con Cabernet Sauvignon, Merlot y/o Sangiovese que desafiaron la normativa tradicional para alcanzar calidad mundial.
Sangiovese costero, más frutal, suave y de maduración temprana gracias al clima mediterráneo de la Maremma.
Blanco autóctono mineral y almendrado, primera DOC reconocida en Italia (1966).
La viticultura toscana hunde sus raíces en los etruscos (siglos VIII–III a. C.) y fue consolidada por Roma. Durante la Edad Media los mercaderes florentinos —entre ellos el gremio Arte dei Vinattieri— comercializaban vino por toda Europa. El barón Bettino Ricasoli codificó en 1874 la fórmula del Chianti moderno, basada en Sangiovese. La DOC Vernaccia di San Gimignano fue la primera de Italia, otorgada en 1966. Sin embargo, la región vivió una crisis de calidad en los años sesenta y setenta, cuando las botellas de fiasco (paja) inundaron mercados con vinos mediocres. La revolución llegó en 1978 con Sassicaia, que obligó a la normativa a crear el reconocimiento DOC Bolgheri Sassicaia en 1994. Los llamados 'Supertoscanos' —Tignanello, Ornellaia— desafiaron las reglas de la DOC y transformaron la imagen internacional de la región. Brunello di Montalcino obtuvo su DOCG en 1980, convirtiéndose en referencia mundial de longevidad y terroir. Desde los años noventa, Toscana lidera junto con el Piamonte la vanguardia enológica italiana.