Szekszárd es la gran capital del vino tinto húngaro, una región de colinas loéssicas en el sur de Transdanubia donde el Kadarka y el Kékfrankos producen tintos de carácter mediterráneo y notable profundidad. Su
Szekszárd se ubica en el sur de Transdanubia, en el condado de Tolna, Hungría central-meridional, aproximadamente a 46°21′N 18°42′E. La ciudad de Szekszárd sirve de núcleo a la denominación. La región se extiende sobre las colinas del este de la cuenca panónica, al oeste del río Danubio, que corre a escasos 20 km al este y ejerce influencia moderadora sobre el clima. Al norte se encuentra Pécs y al sur la llanura panónica. Las laderas orientadas al sur y sureste, protegidas por la cadena de colinas de Szekszárd, ofrecen una exposición solar privilegiada que acumula calor en los suelos de loess.
PDO (Denominación de Origen Protegida) bajo la normativa húngara de vinos de calidad; en Hungría el sistema reconoce las regiones como 'Borkülönlegesség' y 'Minőségi bor'. Szekszárd posee DO propia reconocida oficialmente. Existe también la distinción 'Szekszárdi Védett Eredetmegjelölés'.
Las viñas se sitúan entre 100 y 250 metros sobre el nivel del mar, sobre colinas suaves de perfil ondulado que descienden hacia el Danubio.
Aproximadamente 5.000 hectáreas de viñedo registrado dentro de la denominación.
El clima es continental con marcada influencia mediterránea, resultado de la posición meridional y la protección que ofrecen las colinas frente a los vientos fríos del norte. Los veranos son largos, cálidos y secos, con otoños prolongados que permiten una maduración lenta y completa de la uva. El suelo dominante es el loess —limo eólico calcáreo de gran profundidad—, que retiene la humedad en verano y drena bien los excesos de lluvia. Sobre este loess aparecen bolsones de arcilla roja rica en hierro y calcáreos activos. Esta combinación otorga a los vinos estructura tánica firme pero redondeada, acidez moderada, color intenso y aromas que transitan entre la fruta roja madura, las especias y un característico fondo mineral. La proximidad del Danubio modera las temperaturas extremas y reduce el riesgo de heladas primaverales tardías.
Blend tinto mínimo de tres variedades con base en Kékfrankos, más estructurado y mediterráneo que su homónimo de Eger.
Tinto ligero a medio, aromático, con taninos finos, especias rojas y notable acidez; la expresión más tradicional y autóctona de la región.
Tinto de cuerpo medio a pleno, frutas rojas y negras, acidez vivaz y taninos firmes, con potencial de guarda.
Blends modernos con Cabernet Sauvignon, Merlot y Kékfrankos que buscan complejidad y longevidad.
La viticultura en Szekszárd se remonta a la época romana, cuando la región formaba parte de la provincia de Pannonia y los legionarios cultivaban la vid. Durante la Edad Media los monjes benedictinos consolidaron el cultivo y el comercio del vino. El obispado de Szekszárd, fundado en el siglo XI por el rey Esteban I de Hungría, impulsó decisivamente la viticultura local. En el siglo XVIII la región alcanzó gran renombre y sus vinos de Kadarka se exportaban a las cortes europeas; el compositor Franz Liszt, nacido en Hungría, era aficionado declarado de estos vinos. La filoxera devastó los viñedos en la década de 1880, obligando a la replantación sobre portainjertos americanos. Durante la era comunista (1948-1989) la producción se colectivizó y la calidad decayó. Desde la transición democrática y especialmente a partir de los años 1990-2000, una nueva generación de productores privados ha protagonizado un notable renacimiento cualitativo, recuperando el Kadarka autóctono y posicionando el Bikavér de Szekszárd como rival del más famoso de Eger.