Enclave vitivinícola histórico en los valles costeros de Lima, Surco forma parte de la larga tradición vinícola peruana que arranca en el siglo XVI con las primeras cepas traídas por los conquistadores españole
Surco se sitúa en la región costera del departamento de Lima, Perú, en los valles aluviales que descienden de la vertiente occidental de los Andes hacia el océano Pacífico. La zona se extiende a escasos kilómetros al sur de la ciudad de Lima, entre los ríos Lurín y Rímac, aproximadamente a 12° S de latitud. El terreno es plano a ligeramente ondulado, con suelos de origen aluvial depositados por los cursos fluviales andinos. La ciudad de Lima sirve de referencia urbana inmediata, mientras que el puerto de Callao queda al noroeste. La influencia del Pacífico es constante y determinante para el microclima vitícola.
Peru no cuenta con un sistema de denominaciones de origen vitivinícolas formalmente equiparable al AOC francés o la DOCa española. La producción se regula de manera general bajo la legislación agrícola peruana; existen indicaciones geográficas en proceso de desarrollo impulsadas por el Ministerio de Agricultura y Riego (MINAGRI) y el INDECOPI, pero sin clasificación oficial consolidada para la zona de Surco al momento de esta ficha.
La zona vitícola de Surco se sitúa entre los 50 y 350 metros sobre el nivel del mar, con viñedos principalmente en los fondos y laderas bajas de los valles costeros. El relieve es suave, sin las pronunciadas pendientes características de los viñedos andinos del sur peruano.
La superficie vitícola es limitada y se integra dentro del conjunto más amplio de los valles de Lima; las estimaciones históricas para el conjunto de valles de Lima oscilan en unas pocas centenas de hectáreas, con presencia decreciente frente a la expansión urbana de la capital.
El clima es desértico cálido con fuerte influencia oceánica, clasificable como árido subtropical (BWh según Köppen), modulado por la corriente fría de Humboldt que recorre el litoral pacífico peruano. Las temperaturas medias anuales rondan los 18-20 °C, con veranos (diciembre-marzo) cálidos y húmedos e inviernos suaves con abundante nubosidad baja ('garúa'). La pluviometría es extremadamente escasa, inferior a 10 mm anuales, por lo que el riego es imprescindible. Los suelos son de naturaleza aluvial, con textura franco-arenosa a arenosa, bien drenados, pobres en materia orgánica y con presencia de gravas y cantos rodados transportados por los ríos andinos. La escasa oscilación térmica diurna, en contraste con las zonas andinas, favorece vinos de madurez más uniforme pero con menor complejidad aromática que los producidos en cotas superiores. La cercanía al Pacífico aporta frescura nocturna relativa y modera los excesos de calor estival.
Vino de color rubí ligero, frutal y de baja acidez, concebido para consumo rápido y acompañamiento de la gastronomía criolla limeña.
Aunque no es vino en sentido estricto, los viñedos de la zona históricamente abastecieron de uva pisquera a las destilerías costeras, siendo la Italia y Quebranta las variedades más utilizadas.
Vino blanco seco o semiseco de perfiles florales y afrutados, elaborado a partir de Moscato de Alejandría en su versión local llamada Italia.
La viticultura en los valles costeros de Lima, incluida la zona de Surco, se inicia en la segunda mitad del siglo XVI, poco después de la fundación de Lima por Francisco Pizarro en 1535. Las primeras vides fueron introducidas por los conquistadores españoles, quienes replicaron en suelo peruano el modelo de plantación de la Península Ibérica para abastecer de vino a las misas y a la colonia. En 1550 ya se documentan plantaciones en los valles próximos a Lima. La producción creció con rapidez durante el Virreinato del Perú, y los vinos y aguardientes de uva limeños llegaron a competir con las exportaciones españolas, lo que motivó sucesivas prohibiciones reales en 1614 y 1641, que pretendían frenar la producción colonial para proteger el comercio metropolitano. A pesar de estas restricciones, la vitivinicultura costeña sobrevivió en manos de haciendas criollas. Con la independencia del Perú en 1821 se liberalizó el sector. Durante el siglo XX la expansión urbana de Lima redujo drásticamente la superficie vitícola de los valles cercanos a la capital, desplazando la producción vitivinícola de mayor escala hacia Ica, Moquegua y Tacna.