Enclavada en el noroeste argentino, la provincia de Salta alberga algunos de los viñedos comerciales más altos del mundo, donde la extrema altitud y la radiación ultravioleta producen tintos de Malbec y Torront
Salta se sitúa en el noroeste de Argentina, limitando al norte con Jujuy y Bolivia, al este con Chaco y Santiago del Estero, y al oeste con Chile. Los viñedos se concentran principalmente en los Valles Calchaquíes, con el Valle de Cafayate como epicentro vitivinícola, a aproximadamente 24° S de latitud. Las ciudades de referencia son Cafayate, Molinos y la capital provincial Salta, a unos 180 km al norte. El río Calchaquí y sus afluentes riegan los valles. Coordenadas aproximadas: 26° S, 66° O.
Indicación Geográfica (IG) y denominación Vinos de la Altura. Argentina no cuenta con un sistema de Grand Cru, pero el INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura) regula las Indicaciones Geográficas e Indicaciones de Procedencia. La región Valles Calchaquíes y la subzona Cafayate son las IG más reconocidas de la provincia.
Los viñedos oscilan entre 1.700 y 3.111 metros sobre el nivel del mar, siendo los de Cachi y Payogasta los más altos del mundo en producción comercial. El relieve es de montaña andina con quebradas y valles encajonados.
Aproximadamente 2.000 hectáreas plantadas en la provincia, concentradas en su mayoría en el Valle de Cafayate y los Valles Calchaquíes.
El clima es árido continental de altura, con veranos cálidos y noches muy frías, generando amplitudes térmicas diarias de hasta 20 °C que favorecen la retención de acidez y la síntesis de antocianos. La irradiación solar ultravioleta a gran altitud engrosa las pieles de la uva, aportando taninos firmes y color intenso. Las precipitaciones son escasas (150–200 mm anuales) y concentradas en verano, lo que reduce presión de enfermedades fúngicas. Los suelos son arenosos y pedregosos, de origen aluvial y eólico, con capas de arena fina, limo y grava sobre roca granítica o pizarrosa, con bajo contenido orgánico y buena permeabilidad. El viento Zonda, cálido y seco proveniente de la cordillera, contribuye a la sanidad de la uva. Estas condiciones extremas producen vinos de gran concentración aromática, frescura notable y personalidad única difícil de replicar a menor altitud.
Blanco aromático de gran expresión floral —rosas, durazno, jazmín— con acidez refrescante y final seco, emblema nacional argentino.
Tinto de color intenso, taninos firmes, notas de fruta roja y negra maduros con frescura y mineralidad propias de la altitud.
Tinto estructurado con especias, pimiento rojo y fruta concentrada, beneficiado por las noches frías que preservan la acidez.
Tinto robusto, de taninos abundantes y buena capacidad de guarda, aún minoritario pero de creciente reconocimiento.
La historia vitivinícola de Salta se remonta al siglo XVI, cuando los conquistadores españoles introdujeron la vid en el noroeste argentino hacia 1550, siguiendo la ruta del Camino Real que conectaba el Virreinato del Perú con el Río de la Plata. Las misiones jesuíticas y franciscanas de la región cultivaron viñedos para abastecer de vino de misa y consumo local durante los siglos XVII y XVIII. Cafayate emergió como centro vitivinícola formal en el siglo XIX; la bodega El Esteco (originalmente Bodega La Rosa) fue fundada en 1892 y es una de las más antiguas de la región. Durante gran parte del siglo XX, el Torrontés salteño fue vino de consumo local con escasa proyección. La transformación cualitativa llegó en las décadas de 1980 y 1990, cuando bodegas como Etchart —adquirida luego por Pernod Ricard— y posteriormente Clos de los Siete impulsaron el interés internacional. En el siglo XXI, la tendencia de los «vinos de altura» posicionó a Salta como una de las regiones más innovadoras de Argentina, atrayendo inversión nacional e internacional y consolidando su identidad única en el panorama vitivinícola mundial.