Enclavada en las escarpadas montañas del Cáucaso Sur, la República de Artsakh (Nagorno-Karabaj) representa uno de los capítulos más antiguos y trágicos de la viticultura armenia, donde la vid sobrevivió siglos
Situada en el extremo meridional del Cáucaso, Artsakh ocupa la parte occidental de la cordillera de Karabaj (Karabakh Range), flanqueada al este por la llanura de Azerbaiyán y al oeste por la frontera armenia. La capital histórica era Stepanakert (Jankendi), a aproximadamente 39°N 46°E. El territorio colinda con las provincias armenias de Syunik y Gegharkunik. Los ríos Hakari y Tartar drenan sus valles. La región fue reconocida internacionalmente como parte de Azerbaiyán, aunque administrada por armenios hasta septiembre de 2023, cuando el éxodo masivo de su población puso fin a la viticultura local activa. Altitud media superior a 1 000 m sobre el nivel del mar.
Sin sistema de denominación de origen formal codificado; la producción histórica se enmarcaba en las normas agrícolas soviéticas y possoviéticas armenias. No existe AOC, DOC ni AVA reconocida internacionalmente para Artsakh de forma independiente.
800 – 1 800 m s. n. m.; relieve montañoso abrupto con valles fluviales estrechos y laderas orientadas al sur que favorecen la maduración de la uva.
No se dispone de cifras oficiales auditadas; la viticultura era predominantemente de subsistencia y pequeña escala, estimada en cientos de hectáreas en su momento de mayor actividad durante el período soviético, significativamente reducida tras los conflictos de 1991-1994 y 2020-2023.
Clima continental de montaña, con inviernos fríos y prolongados (temperaturas bajo cero frecuentes) y veranos cálidos y secos con amplitud térmica diurna de 15-20 °C, factor que preserva la acidez natural y los aromas primarios de la uva. La altitud modera el calor y ralentiza la maduración, produciendo vinos con estructura tánica firme y perfil frutal concentrado. Los suelos son en su mayoría arcillo-pedregosos sobre substrato de pizarra y roca metamórfica, con buena capacidad de drenaje. La cobertura boscosa de las montañas circundantes aporta humedad nocturna. La influencia del mar Caspio, aunque mediada por la cordillera, suaviza ligeramente los extremos térmicos en los valles bajos. El conjunto genera vinos tintos de color profundo, taninos presentes y acidez vibrante, características típicas de las variedades autóctonas armenias cultivadas en altitud.
Vino tinto seco de producción familiar, tánico, con fruta oscura y acidez marcada, elaborado en vasijas de barro (karas) o depósitos rústicos, de escasa o nula crianza en madera.
Elaborado históricamente para uso en la Iglesia Apostólica Armenia, dulce o semiseco, con alto contenido de azúcar residual, ligado a la tradición monástica de la región.
La viticultura en el Cáucaso Sur antecede a cualquier registro escrito: excavaciones en la cueva de Areni-1 (Armenia, c. 4100 a. C.) confirman que esta civilización producía vino hace más de seis milenios, convirtiendo al Cáucaso en la región vinícola más antigua del mundo documentada arqueológicamente. Artsakh, como parte del reino armenio de Urartu y posteriormente de la Gran Armenia, participó de esta tradición desde la Antigüedad. Durante la dominación persa y árabe (siglos VII-IX d. C.) la viticultura resistió gracias a la protección de los monasterios apostólicos armenios —Gandzasar (fundado en 1216) fue el principal centro espiritual y agrícola de la región, donde los monjes mantuvieron viñedos. Bajo el Imperio ruso (siglo XIX) y luego en la era soviética, la producción se colectivizó y orientó hacia el suministro de vino a granel para el mercado de la URSS. El conflicto armado de Nagorno-Karabaj (1988-1994) devastó gran parte de la infraestructura agrícola. Los acuerdos de alto el fuego de 1994 y 2020, y finalmente la operación militar azerbaiyana de septiembre de 2023 —seguida del éxodo de prácticamente toda la población armenia—, pusieron fin a la actividad vitivinícola organizada en el territorio. La tradición subsiste en la diáspora armenia.