Plaiurile Drâncei es una de las denominaciones de origen más australes de Romania, enclavada en las colinas de Oltenia donde el influjo mediterráneo suaviza el carácter continental y permite la maduración plena
La región se sitúa en el suroeste de Romania, en el extremo occidental del histórico territorio de Oltenia, abarcando principalmente el condado de Mehedinți y partes del condado de Gorj. Las colinas conocidas como Plaiurile Drâncei se extienden al norte del río Danubio, que marca aquí la frontera con Bulgaria, y al sur de los primeros contrafuertes de los Cárpatos Meridionales. La ciudad de referencia más cercana es Drobeta-Turnu Severin, a orillas del Danubio. Las coordenadas aproximadas de la zona se sitúan entre los 44° y 45° N y los 22° y 23° E. El relieve ondulado de colinas bajas y valles favorece la orientación sur y sureste de los viñedos, maximizando la exposición solar.
DOC (Denumire de Origine Controlată), equivalente rumano de la AOC francesa. Dentro del sistema rumano, puede subclasificarse en DOC-CMD (Cules la Maturitate Deplină, cosecha en madurez plena) y DOC-CT (Cules Târziu, vendimia tardía), regulado por el ONVPV (Oficiul Național al Viei și Produselor Vitivinicole).
Los viñedos se ubican aproximadamente entre 150 y 450 metros sobre el nivel del mar. El relieve es de colinas suaves a moderadas, con laderas bien drenadas orientadas mayoritariamente al sur y sureste.
La superficie vitícola de la DOC Plaiurile Drâncei es modesta dentro del panorama rumano; estimaciones del ONVPV sitúan la zona en varios miles de hectáreas cultivadas, aunque la superficie bajo denominación estricta es considerablemente menor. Dada la variabilidad de los registros oficiales, se prefiere no citar cifra exacta.
El clima es continental moderado con influencias mediterráneas que penetran desde el sur a través del corredor del Danubio, atenuando los inviernos y prolongando el otoño, lo que permite una maduración lenta y aromáticamente compleja. Los veranos son cálidos y secos, con precipitaciones concentradas en primavera. Los suelos predominantes son arcillo-calcáreos con presencia de margas y en algunos sectores limos aluviales depositados por los afluentes del Danubio. La caliza aporta frescor y acidez estructural a los blancos, mientras que la arcilla retiene humedad y favorece cuerpo y taninos suaves en los tintos. La proximidad al Danubio regula las oscilaciones térmicas nocturnas y reduce el riesgo de heladas tardías. Este conjunto climático y edáfico produce tintos de color profundo, buena concentración tánica y potencial de guarda, y blancos con perfil aromático floral y frutal.
Vinos de cuerpo medio a pleno, elaborados principalmente con Fetească Neagră, Cabernet Sauvignon o Merlot, con taninos maduros y notas de fruta negra, especias y a menudo crianza en roble.
Vinos frescos y aromáticos a base de Fetească Regală o Sauvignon Blanc, con buena acidez y perfil floral característico del influjo continental.
Elaboraciones dulces o semidulces de cosecha tardía, principalmente de variedades aromáticas como Muscat Ottonel, con notable concentración de azúcares y aromas.
La viticultura en las colinas de Oltenia tiene raíces antiquísimas: la región formó parte de la Dacia romana, y existen evidencias arqueológicas y textuales del cultivo de la vid durante la ocupación romana (siglos I-III d.C.), cuando la ciudad de Drobeta —actual Drobeta-Turnu Severin— era un importante enclave del limes danubiano. Durante la Edad Media, los monasterios ortodoxos de Oltenia mantuvieron y difundieron el cultivo vitícola, siendo la vid un elemento central de la vida religiosa y económica. El periodo otomano (siglos XV-XIX) no erradicó la vitivinicultura local, aunque la subordinó. La filoxera devastó los viñedos rumanos a finales del siglo XIX, obligando a la replantación sobre portainjertos americanos a principios del siglo XX. La colectivización comunista (1948-1989) reorganizó la producción en grandes cooperativas estatales, lo que homogeneizó pero también industrializó la viticultura regional. Tras 1989, la privatización y la inversión extranjera y local permitieron la modernización de bodegas y la recuperación de variedades autóctonas como la Fetească Neagră, hoy emblema de la identidad vinícola rumana.