Cuna de la viticultura en el continente americano, Parras de la Fuente alberga la bodega más antigua del Nuevo Mundo y produce vinos de carácter estructurado bajo condiciones desérticas excepcionales.
Situada en el estado de Coahuila, en el norte de México, a aproximadamente 25°26′N 102°11′O. Se encuentra en el corazón del desierto Chihuahuense, al pie de la Sierra de Parras, a unos 270 km al suroeste de Monterrey y 180 km al este de Torreón. La región está delimitada al norte por el altiplano árido coahuilense y recibe influencia orográfica de la sierra local, que canaliza escurrimientos y permite la existencia de manantiales naturales —las célebres 'pozas'— que históricamente sustentaron el cultivo de la vid en pleno semidesierto.
Denominación de Origen Valle de Parras (DO Valle de Parras), reconocida oficialmente por el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA) de México.
Entre 1,500 y 1,800 metros sobre el nivel del mar, en un altiplano desértico rodeado de sierras de mediana altura.
Aproximadamente 300 hectáreas de viñedo en producción activa dentro del valle, aunque la cifra varía según la fuente y el ciclo agrícola.
El clima es árido-continental extremo, con veranos muy calurosos (máximas superiores a 35 °C) e inviernos fríos que garantizan el período de dormancia necesario para la vid. La amplitud térmica diurna —hasta 20 °C de diferencia entre el día y la noche durante la maduración— preserva la acidez natural de la uva y favorece aromas varietales nítidos. La precipitación es escasa (menos de 350 mm anuales), por lo que el riego por gravedad desde los manantiales serranos es indispensable. Los suelos son predominantemente calcáreos y arcillo-calcáreos con buena permeabilidad, ricos en carbonato de calcio, lo que confiere mineralidad y estructura a los vinos tintos. La baja presión de hongos derivada del ambiente seco permite ciclos vegetativos limpios con mínima intervención fitosanitaria.
Vinos estructurados, con taninos firmes y notas de fruta oscura madura, criados en barrica de roble francés o americano.
Ensamblajes complejos de variedades bordelesas y mediterráneas que expresan el terroir calcáreo del valle.
Chardonnay y Chenin Blanc con paso por madera, de cuerpo medio y buena acidez residual gracias a la altitud.
Producciones de consumo más inmediato, ligeras y afrutadas, orientadas al mercado nacional.
La historia vitivinícola de Parras de la Fuente es la más antigua del continente americano. En 1593, el encomendero Lorenzo García recibió una merced de tierras en el paraje conocido como 'Ojo de Agua de la Tlaxcalilla', donde ya crecían vides silvestres. En 1597 fundó allí lo que hoy se conoce como Casa Madero —originalmente 'Hacienda de San Lorenzo'—, convirtiéndola en el establecimiento vitivinícola más antiguo del Nuevo Mundo con operación continua documentada. Durante el período colonial la región abasteció de vino y brandy a las misiones del norte de la Nueva España. La Corona española intentó limitar la producción local para proteger las exportaciones peninsulares, pero las condiciones geográficas del enclave permitieron que la actividad persistiera. En el siglo XIX, bajo el impulso del empresario Evaristo Madero —abuelo del presidente Francisco I. Madero—, la hacienda se modernizó e incorporó variedades europeas de calidad. La Revolución Mexicana interrumpió brevemente la producción, pero la bodega sobrevivió y se transformó en la empresa comercial que opera hasta hoy. A partir de la década de 1990, el renacimiento del vino mexicano de calidad impulsó nuevas inversiones y la eventual gestión de la Denominación de Origen Valle de Parras.