Navarra es una región vinícola del norte de España con siglos de tradición, conocida por sus rosados de garnacha y por una creciente vocación hacia tintos de carácter internacional. Su posición geográfica entre
Navarra se sitúa en el norte de España, en la Comunidad Foral de Navarra, limitando al norte con los Pirineos y Francia, al oeste con el País Vasco y La Rioja, y al sur con Aragón. El río Ebro cruza su extremo meridional, mientras el río Arga articula el centro. La capital de referencia es Pamplona. Las coordenadas aproximadas oscilan entre 41°N y 43°N. La región se extiende desde las estribaciones pirenaicas hasta las llanuras semiáridas del sur, lo que genera cinco subzonas con microclimas y suelos marcadamente distintos: Baja Montaña, Valdizarbe, Tierra Estella, Ribera Alta y Ribera Baja.
DO Navarra (Denominación de Origen), reconocida oficialmente en 1933 y reorganizada con su reglamento moderno en décadas posteriores. Dentro de España el sistema general contempla DO y DOCa (esta última reservada a Rioja y Priorat); Navarra opera bajo categoría DO con cinco subzonas oficiales.
Entre 250 y 600 metros sobre el nivel del mar en las zonas centrales y meridionales; las subzonas septentrionales de Baja Montaña y Valdizarbe pueden superar los 600 m en viñedos de ladera pirenaica.
Aproximadamente 10.000 hectáreas de viñedo en producción bajo la DO Navarra.
El clima de Navarra es una transición entre el atlántico húmedo del norte y el mediterráneo continental del sur. En las subzonas septentrionales (Baja Montaña, Valdizarbe) predominan influencias oceánicas con lluvias moderadas, veranos frescos e inviernos fríos, favorables para variedades como tempranillo y chardonnay. En el sur (Ribera Baja) el clima es seco y caluroso, con escasas precipitaciones anuales y la influencia térmica del Ebro, ideal para garnacha de alta concentración. Los suelos varían considerablemente: limos y arcillas en el valle del Ebro, francos y aluviales en zonas medias, y suelos más pedregosos y calcáreos en las terrazas elevadas. Esta heterogeneidad edáfica, combinada con el gradiente climático norte-sur, explica la amplia gama de estilos que produce la región, desde rosados ligeros hasta tintos de guarda.
El estilo histórico emblemático de Navarra, de color salmón, fruta fresca y buena acidez, producido principalmente por sangrado o prensado directo de garnacha.
Vinos de consumo temprano elaborados con tempranillo y/o garnacha, afrutados y con taninos suaves.
Tintos de mayor estructura con envejecimiento en barrica, frecuentemente con garnacha, tempranillo y/o cabernet sauvignon.
Blancos frescos de chardonnay o moscatel, estos últimos con notas aromáticas florales y cítricas características.
Vino dulce de moscatel de grano menudo, de producción tradicional en la Ribera Baja.
La viticultura en Navarra tiene raíces romanas documentadas, aunque fue durante la Edad Media cuando alcanzó su primer auge significativo. El Camino de Santiago atraviesa la región e impulsó desde los siglos XI y XII el cultivo de la vid para abastecer a peregrinos y monasterios; abadías como la de Leyre y La Oliva jugaron un papel determinante en la expansión del viñedo. En el siglo XIX los vinos navarros gozaron de gran reputación en los mercados europeos, especialmente en Francia durante la crisis de filoxera (1870-1890), cuando Navarra exportó enormes volúmenes para suplir la producción francesa devastada. Paradójicamente, la filoxera llegó también a Navarra a finales del siglo XIX, obligando a la replantación con portainjertos americanos. Durante el siglo XX la región transitó hacia el cooperativismo y los rosados de garnacha se consolidaron como su seña de identidad comercial. A partir de los años 1980 y 1990 la introducción de variedades internacionales como cabernet sauvignon, merlot y chardonnay modernizó el perfil exportador de la DO, y desde los años 2000 hay un movimiento de recuperación de la garnacha y la identidad autóctona.