Enclavada en el corazón de Herzegovina, la región de Mostar es guardiana de dos uvas autóctonas únicas en el mundo: la blanca Žilavka y la tinta Blatina, ambas con denominación de origen protegida reconocida po
La región vitivinícola de Mostar se sitúa en el suroeste de Bosnia and Herzegovina, en la subregión histórica de Herzegovina, en torno a la ciudad de Mostar (43°20′N, 17°48′E), a orillas del río Neretva. Limita al sur con Croacia y tiene acceso indirecto al Adriático a través del corredor de Neum. Las viñas se extienden principalmente por el valle del Neretva y las laderas calizas circundantes, en los municipios de Mostar, Čitluk, Ljubuški, Čapljina y Stolac. La ciudad de Mostar, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es el centro histórico, cultural y comercial de la región.
Bosnia y Herzegovina aplica un sistema de calidad alineado con la normativa de la UE: ZOP (Zaštićena oznaka porijekla / Denominación de Origen Protegida, equivalente a PDO europeo) y ZOZ (Indicación Geográfica Protegida, equivalente a PGI). Los vinos 'Žilavka Mostar' y 'Blatina Mostar' cuentan con reconocimiento ZOP a nivel nacional y están en proceso de registro formal ante la UE. La supervisión corresponde al Instituto de Agricultura de Bosnia y Herzegovina.
El valle del Neretva donde se concentra la mayor parte del viñedo se ubica entre 40 y 300 metros sobre el nivel del mar. Las laderas calizas que ascienden hacia el interior pueden alcanzar los 400-600 m, con relieves pronunciados y terrazas escalonadas en las zonas más tradicionales.
Se estima que Herzegovina cuenta con aproximadamente 3.000 hectáreas de viñedo registrado, de las cuales la zona de denominación de Mostar concentra en torno a 1.500-2.000 ha. Son cifras aproximadas dada la limitada estadística oficial publicada; la producción está dominada por pequeños y medianos viticultores junto a una cooperativa de gran escala.
El clima es mediterráneo continental, con veranos calurosos y secos (temperaturas que superan los 35 °C en julio y agosto) e inviernos fríos que pueden ser rigurosos en las zonas de mayor altitud. El río Neretva actúa como regulador térmico y fuente de humedad relativa, mitigando los extremos más severos. Los suelos dominantes son calcáreos y cársticos —piedra caliza con bolsas de terra rossa (suelo arcilloso rojizo rico en óxidos de hierro)—, drenantes y de baja fertilidad, lo que obliga a la vid a profundizar sus raíces y concentrar los aromas. Esta combinación produce blancos de Žilavka con acidez vibrante y notas minerales pronunciadas, y tintos de Blatina de color profundo, taninos rústicos y fruta oscura, con potencial de guarda si se elaboran con cuidado. La alta insolación —más de 2.600 horas de sol al año— garantiza madurez fenólica consistente.
Vino blanco seco y aromático, de acidez fresca, cuerpo medio y notas de durazno, albaricoques, flores blancas y un sutil fondo mineral que refleja los suelos calizos.
Tinto de color rubí intenso, taninos firmes, fruta roja y oscura madura, con un carácter rústico y terroso característico de esta uva autóctona.
Elaborado en menor escala, ofrece una faceta más fresca y afrutada de la variedad, apreciado localmente.
Producción marginal para el mercado local, con mayor concentración de azúcar residual y perfil aromático exuberante.
La viticultura en la cuenca del Neretva se remonta a la época de la colonización griega y romana en los Balcanes occidentales, con evidencias arqueológicas de cultivo de vid y producción de vino en la región ilírica. Durante la Edad Media, los señores feudales bosnios y las comunidades monásticas medievales mantuvieron la tradición vitivinícola en Herzegovina. La conquista otomana (siglo XV) supuso una interrupción significativa del consumo y producción de vino en la región, aunque las comunidades croatas y franciscanas locales preservaron la viticultura de forma limitada. La administración austrohúngara (1878-1918) fue decisiva para la modernización: se introdujeron técnicas enológicas europeas, se catalogaron las variedades autóctonas y se impulsó la exportación. Durante la Yugoslavia socialista (1945-1991), la cooperativa Hercegovina Vino se convirtió en el actor dominante. La guerra de Bosnia (1992-1995) devastó viñedos e infraestructuras, pero desde mediados de los años 2000 se ha producido una notable recuperación, con nuevas bodegas artesanales que han devuelto visibilidad internacional a Žilavka y Blatina.