Enclave andaluz que produce vinos generosos de Pedro Ximénez y Fino de carácter único, elaborados sin encabezado en su mayoría gracias a las uvas que alcanzan grados naturales excepcionales. Precursor histórico
Situada en el sur de la provincia de Córdoba, Andalucía, entre las ciudades de Montilla y Moriles. Queda al norte de la Sierra Nevada y al este de la capital cordobesa. La zona se extiende aproximadamente entre las coordenadas 37°30'N y 4°40'O. Las referencias geográficas principales son el río Genil al este y el río Guadalquivir al norte. Carece de influencia oceánica directa, siendo una región netamente continental en el interior bético. Los municipios más relevantes son Montilla, Moriles, Aguilar de la Frontera, Lucena y Puente Genil.
Denominación de Origen (D.O.) Montilla-Moriles, reconocida oficialmente en 1945 y regulada por su Consejo Regulador. Dentro de la D.O. existe una zona de producción superior denominada 'Superior de Moriles' y 'Ruedo de Montilla', reservada a los pagos de albero sobre albariza.
Entre 125 y 600 metros sobre el nivel del mar. El relieve es ondulado, con lomas suaves conocidas localmente como 'campiña' y elevaciones más marcadas en la Sierra de Montilla hacia el sur.
Aproximadamente 6.500 hectáreas de viñedo en producción, con la zona superior ('ruedo') concentrada en torno a 2.000 hectáreas de albariza.
Clima mediterráneo continentalizado, con inviernos fríos y veranos extremadamente calurosos y secos; las temperaturas estivales superan frecuentemente los 40 °C. La pluviometría es escasa, en torno a 500-600 mm anuales, concentrada en otoño e invierno. El suelo más valorado es la albariza (albero), caliza blanca compacta de origen marino con alta capacidad de retención hídrica que alimenta a la vid durante el estiaje. También existen suelos arcillo-calcáreos y arenosos en zonas más bajas. Este conjunto climático y edáfico es el responsable de que la Pedro Ximénez alcance de manera natural entre 14 y 16 % vol. de alcohol, lo que permitió históricamente elaborar vinos generosos sin encabezado alcohólico, diferenciándolos radicalmente de sus homólogos jerezanos.
Vino biológico criado bajo velo de flor de levaduras, seco, pálido y almendrado, con mínimo 15 % vol. alcanzado de forma natural.
Fino que ha agotado su velo de flor y continuado con crianza oxidativa, de color ámbar y aromas de avellana y especias.
Generoso de crianza exclusivamente oxidativa, sin flor, color caoba intenso, notas de nuez y madera.
Estilo intermedio entre Amontillado y Oloroso, nariz fina con paladar amplio y aterciopelado.
Vino dulce natural de vendimia tardía o soleo, negro y denso, con aromas de pasa, higo y chocolate.
Mezcla de oloroso y Pedro Ximénez, suave y dulce, de amplio consumo en mercados internacionales.
La vid llegó a la comarca con los fenicios y fue consolidada por los romanos, quienes exportaban vinos de la Bética a toda la cuenca mediterránea. Durante el califato de Córdoba (siglos IX-X) la viticultura sobrevivió bajo estatuto de uso medicinal y litúrgico. Tras la Reconquista, en el siglo XIII, los reyes castellanos fomentaron activamente el cultivo para abastecer a las tropas y a los mercados del norte. La variedad Pedro Ximénez —cuyo nombre se atribuye a un soldado del siglo XVI que habría traído la cepa de las Canarias o de Alemania, aunque el origen exacto es debatido— se convirtió en emblema indiscutible de la zona. En el siglo XVII los vinos de Montilla ya abastecían a Sevilla y competían con los jerezanos. La D.O. fue reconocida en 1945, siendo una de las primeras de España. Durante el siglo XX sufrió presión comercial de la D.O. Jerez, que históricamente utilizó mostos de Montilla para encabezar sus vinos hasta que la normativa lo prohibió. Hoy la D.O. reivindica su identidad propia como cuna del amontillado y del sistema de soleras.