Enclavada en el corazón de Herzegovina, Međugorje es un territorio de viticultura ancestral donde la uva autóctona Žilavka produce blancos de personalidad mediterránea singular. Su fama religiosa mundial no opa
Međugorje se sitúa en el suroeste de Bosnia and Herzegovina, en la región histórica de Herzegovina, municipio de Čitluk, a unos 25 km al suroeste de Mostar y a menos de 30 km de la frontera croata. El territorio se enmarca en el valle del río Neretva, que corre hacia el mar Adriático, con coordenadas aproximadas de 43°11'N, 17°40'E. La proximidad al Adriático —a menos de 60 km en línea recta— y la protección de la cadena Dinárica al norte configuran un microclima favorable. Čitluk, Ljubuški y Mostar son las localidades de referencia en esta franja vitícola herzegoviana.
Bosnia and Herzegovina aplica un sistema de denominaciones de origen basado en la legislación vitivinícola nacional (Zakon o vinu, 2012) y alineado con la normativa europea PDO/PGI. La región de Herzegovina cuenta con la designación Zaštićena oznaka porijekla (ZOP, equivalente a DOP/PDO) para vinos de origen controlado. No existe un grand cru ni clasificación comunal equivalente al modelo bordelés o borgoñón.
Los viñedos de Međugorje y su entorno se ubican entre 200 y 500 metros sobre el nivel del mar, en terrazas y laderas calcáreas de relieve kárstico irregular, con afloramientos rocosos y escasa cubierta de suelo.
La superficie vitícola total de Herzegovina se estima en torno a 3.000-4.000 hectáreas, con la zona de Čitluk-Međugorje representando uno de los núcleos más activos, aunque cifras precisas por municipio no están publicadas de forma oficial y actualizada.
El clima es de transición mediterráneo-continental, con veranos largos, secos y calurosos (temperaturas que superan los 35 °C en julio-agosto) e inviernos fríos pero moderados por la influencia adriática que penetra por el corredor del Neretva. Las precipitaciones se concentran en otoño e invierno, con escasas lluvias estivales que obligan a la vid a profundizar en busca de agua. El suelo es predominantemente calcáreo-kárstico: roca caliza madre con escasa terra rossa superficial de coloración rojiza, rica en hierro y pobre en materia orgánica. Este substrato poroso, combinado con la fuerte insolación y las noches relativamente frescas de altitud, imprime en la Žilavka su acidez característica, su cuerpo medio-alto y sus notas minerales y cítricas que contrastan con la madurez aromática conseguida en verano.
Vino blanco seco de cuerpo medio, acidez viva, notas de cítricos, hierbas aromáticas y mineral calcáreo, con potencial de guarda moderado.
Tinto de color profundo, taninos rústicos, fruta oscura y especias, vinculado al terruño kárstico herzegoviano.
Estilo dulce ocasional elaborado con uvas sobremaduradas, de producción limitada y carácter local.
La viticultura en Herzegovina es anterior a la colonización romana: existen evidencias arqueológicas de cultivo de la vid en la región del Neretva desde la Antigüedad. Los romanos formalizaron la viticultura en la Dalmacia interior durante los primeros siglos de la era común. La tradición continuó bajo el Imperio Bizantino y floreció con la nobleza medieval bosnia en los siglos XIV y XV. La conquista otomana (1463) supuso décadas de restricción del vino por preceptos islámicos, aunque las comunidades cristianas —especialmente franciscanas— mantuvieron la viña con fines litúrgicos; el monasterio de Humac y la presencia franciscana en la zona son testimonios de esa continuidad. Con la administración austrohúngara (1878-1918) se modernizaron técnicas y se abrieron mercados hacia el norte de Europa. La Yugoslavia socialista centralizó la producción en cooperativas como Hepok (fundada en Mostar en 1953). Tras la guerra de los Balcanes (1992-1995) y la independencia, Bosnia and Herzegovina comenzó la reconstrucción de su sector vinícola, aprobando legislación vitivinícola propia en 2012 y buscando alineación con estándares europeos.