Azerbaiyán atesora una de las tradiciones vitivinícolas más antiguas del Cáucaso; Marani encarna la revitalización postsoviética de sus vinos tintos de carácter autóctono, elaborados con variedades milenarias r
Azerbaiyán se sitúa en el Cáucaso del Sur, flanqueado por el mar Caspio al este, Georgia al norte y Armenia al oeste. Las zonas vitivinícolas principales se concentran en las provincias de Shamají (Şamaxı), Ganja-Gazakh y el corredor del río Kura, entre aproximadamente 40°–41° N y 46°–49° E. La ciudad de Shamají, a unos 120 km al noroeste de Bakú, es el referente histórico de la viticultura azerbaiyana. El río Kura estructura el paisaje de viñedo, y las estribaciones de los montes Caucásicos Menores aportan altitud y protección a los pagos más valorados.
Azerbaiyán no cuenta aún con un sistema de denominaciones de origen equiparable a la AOC o DOCa europeas. La regulación es nacional y gestionada por el Ministerio de Agricultura; desde 2000 se trabaja en indicaciones geográficas protegidas (IGP) para Shamají y otras zonas, pero sin certificación internacional consolidada hasta la fecha.
300–900 m s. n. m. en las laderas de Caucásicos Menores; los viñedos de mayor calidad se ubican entre 400 y 700 m, con relieve de colinas onduladas y valles fluviales.
Azerbaiyán dispone de unas 12 000–14 000 ha de viñedo total según datos OIV recientes, si bien la superficie dedicada a vino de calidad es significativamente menor; la zona de Shamají concentra los pagos tintos más reconocidos.
El clima es continental moderado con influencia de la proximidad al Caspio, que suaviza los extremos térmicos y alarga la estación vegetativa. Los veranos son cálidos y secos (julio promedio 24–27 °C), los inviernos fríos pero no extremos en altitud media. Las precipitaciones son escasas (300–500 mm anuales), lo que favorece una vendimia tardía y sana. Los suelos combinan francos arcillo-calcáreos en los valles del Kura con suelos más esqueléticos y pedregosos en las laderas montañosas, ricos en minerales y con buen drenaje. La altitud modera la temperatura nocturna, preservando acidez y aromas. Estos factores en conjunto producen tintos de estructura media-alta, taninos maduros, buena acidez y perfiles aromáticos que recuerdan a fruta roja oscura, especias caucásicas y tierra mineral.
Vino seco de cuerpo medio-pleno, taninos firmes, notas de cereza negra, granada y especias orientales, con final persistente.
Blend de variedades locales con Cabernet Sauvignon o Merlot, de perfil más accesible y orientado a mercados de exportación.
Selección de viñas antiguas en ladera, crianza en roble, carácter más complejo y capacidad de guarda de 5–10 años.
La viticultura en el territorio de la actual Azerbaiyán se remonta a más de 6 000 años; hallazgos arqueológicos en la región del Cáucaso del Sur evidencian la domesticación temprana de Vitis vinifera en este corredor entre el Caspio y el mar Negro. Durante la Antigüedad, los vinos de Shirvan y Albania caucásica eran comerciados a lo largo de la Ruta de la Seda. La expansión del islam a partir del siglo VII redujo drásticamente la producción, aunque comunidades no musulmanas mantuvieron la tradición viva. Bajo el dominio ruso en el siglo XIX Azerbaiyán recuperó su viticultura; en el período soviético (1920–1991) la producción se industrializó masivamente, priorizando volumen y uvas de mesa sobre calidad. El colapso soviético devastó el sector: viñedos abandonados, maquinaria obsoleta y mercados perdidos. Desde los años 2000 y con mayor impulso en la década de 2010, bodegas privadas y capital extranjero han relanzado la viticultura azerbaiyana, rescatando variedades autóctonas como la Madrasa y apostando por vinos de terroir para mercados internacionales.