Langhe es el corazón vitícola del Piamonte y uno de los territorios vinícolas más prestigiosos de Italia, cuna del Barolo y el Barbaresco. Sus colinas onduladas en torno a Alba concentran una densidad de grande
La zona de Langhe se sitúa en la provincia de Cuneo y, en menor medida, de Asti, en la región del Piamonte, noroeste de Italia. Ocupa las colinas al sur del río Tanaro, con la ciudad de Alba como capital enológica. Coordenadas aproximadas: 44°42′N, 8°02′E. Al oeste y norte se elevan los Alpes, mientras que al sur los Apeninos lígures cierran el valle, creando un anfiteatro natural. Las referencias urbanas más cercanas son Bra, Barolo, La Morra, Castiglione Falletto, Serralunga d'Alba, Neive y Treiso.
Sistema italiano: DOC (Denominazione di Origine Controllata) y DOCG (Denominazione di Origine Controllata e Garantita). Las DOCG más relevantes son Barolo DOCG, Barbaresco DOCG, Dogliani DOCG y Dolcetto di Dogliani Superiore DOCG. Existe además la DOC Langhe como denominación paraguas para vinos varietales y blend de la zona. Dentro de Barolo y Barbaresco se reconocen Menzioni Geografiche Aggiuntive (MGA), equivalentes a crus o viñedos singulares, regulados oficialmente desde 2010.
150 a 400 metros sobre el nivel del mar. El relieve es de colinas suaves a moderadamente pronunciadas, con laderas de orientación sur y suroeste dominantes en los viñedos de mayor reputación.
Aproximadamente 2,800 hectáreas bajo DOCG Barolo, 700 hectáreas bajo DOCG Barbaresco, y varias miles adicionales bajo la DOC Langhe y otras denominaciones de la zona.
El clima es continental con influencia mediterránea atenuada: veranos calurosos y secos, otoños largos y templados —fundamentales para la maduración tardía del Nebbiolo—, e inviernos fríos. Los Alpes frenan los vientos árticos del norte y los Apeninos limitan la humedad del Mediterráneo, generando nieblas otoñales características (de ahí el topónimo 'Langa', posiblemente relacionado con neblina). Los suelos presentan dos grandes familias: las margas calcáreas azules de Tortona (Helvetiense), más compactas y ricas en magnesio, predominantes en Serralunga d'Alba y Castiglione Falletto, que producen vinos de mayor estructura y longevidad; y las margas de Sant'Agata (Tortoniano), más arcillosas y ricas en manganeso, típicas de La Morra y Barolo pueblo, que aportan aromas más florales y textura más sedosa. Esta dualidad de suelos explica en buena medida las diferencias de estilo entre los distintos MGA y comunas.
Tinto de Nebbiolo, mínimo 38 meses de crianza (62 para Riserva), con aromas de alquitrán, rosa marchita, trufa y una estructura tánica monumental que exige años de botella.
Tinto de Nebbiolo con menor mínimo de crianza (26 meses), tendencialmente más elegante y de acceso más temprano que el Barolo, sin sacrificar complejidad.
Entrada de gama en Nebbiolo, más fresco y accesible, ideal para conocer la uva sin esperar décadas.
Blanco seco de la uva autóctona Arneis, con notas de manzana, pera y almendra, de estructura ligera y frescura media.
Tinto de Barbera con alta acidez natural, fruta roja generosa y menor tanino que el Nebbiolo; versiones con y sin paso por roble.
Tinto de consumo más inmediato, con fruta negra, amargor característico en el final y taninos suaves.
La vid lleva en las Langhe al menos desde la época romana, con menciones de Plinio el Viejo a los vinos del Piamonte. Durante la Edad Media, los monjes benedictinos y cistercienses delimitaron y cultivaron viñedos en las colinas de Alba. En el siglo XIX la figura del enólogo francés Louis Oudart y, más tarde, del general Paolo Francesco Staglieno transformaron la vinificación local: introdujeron la fermentación completa de los azúcares, produciendo un Barolo seco de guarda donde antes existía un vino dulce y turbio. La Reina Margherita de Saboya y el rey Carlos Alberto fueron aficionados declarados al Barolo, que pronto se ganó el apodo de 'el vino de los reyes y el rey de los vinos'. La filoxera devastó los viñedos piamonteses a finales del siglo XIX, obligando a la replantación sobre portainjertos americanos. El siglo XX estuvo marcado por el debate entre 'tradicionalistas' —crianza larguísima en grandes robles de Eslavonia— y 'modernistas' —barricas pequeñas de roble francés y maceraciones más cortas—. Desde los años 2000, ambas corrientes han convergido y la denominación experimentó un salto cualitativo con la delimitación oficial de los MGA en Barolo (2010) y Barbaresco (2007), equiparando el sistema al concepto bordelés de crus.