Enclavado en las laderas del Monte Líbano al norte de Beirut, Keserwan es el corazón histórico de la viticultura libanesa y cuna de Château Musar, uno de los vinos más singulares y reverenciados del mundo árabe
Keserwan es un distrito de la Gobernación del Monte Líbano, situado aproximadamente entre los 33°50'–33°58'N y los 35°35'–35°45'E. Se extiende desde las costas del Mar Mediterráneo hasta las cumbres del Monte Líbano, incluyendo poblaciones como Ghazir, Jounieh, Faraya y Ajaltoun. Al oeste linda con la bahía de Jounieh, al norte con el distrito de Jbeil (Biblos) y al este con las crestas que separan la franja costera del valle de la Bekaa. El río Nahr Ibrahim (Adonis) bordea su límite norte. Es una zona de fuertes contrastes altitudinales en apenas 20–30 km de distancia horizontal.
Líbano no cuenta con un sistema formal de denominaciones de origen equivalente al AOC francés o la DOC italiana. Las etiquetas se rigen por legislación vitivinícola nacional básica supervisada por el Ministerio de Agricultura libanés. Algunos productores indican la región de procedencia voluntariamente. No existe un Grand Cru ni una clasificación oficial jerarquizada para Keserwan.
Los viñedos de Keserwan se distribuyen entre los 800 y los 1.500 metros sobre el nivel del mar en las laderas del Monte Líbano, con relieves abruptos, pendientes pronunciadas y terrazas labradas en roca caliza. Las cotas más elevadas, como las cercanías de Faraya, permiten viticultura de montaña de gran amplitud térmica.
La superficie vitícola de Keserwan es relativamente reducida en el contexto libanés; las estimaciones sitúan el total de viñedos plantados en la zona en torno a unos pocos centenares de hectáreas, sin cifras oficiales consolidadas. El viñedo más famoso, el de Château Musar, abarca aproximadamente 180 hectáreas repartidas entre Keserwan y zonas adyacentes.
El clima es mediterráneo de montaña: veranos cálidos y secos con influencia marina atenuante desde la bahía de Jounieh, inviernos fríos con nevadas frecuentes por encima de los 1.200 m que garantizan reservas hídricas para el verano. La amplitud térmica diurna en las cotas altas —hasta 20 °C entre día y noche durante la maduración— preserva la acidez y la complejidad aromática. Los suelos dominantes son calizos y pedregosos, con presencia de arcilla roja (terra rossa) en algunas parcelas y afloramientos de roca madre que obligan a las raíces a profundizar en busca de agua. Esta combinación de suelos bien drenados, altitud, insolación intensa y brisas mediterráneas produce vinos de gran concentración pero con frescura y longevidad notables, capaces de envejecer décadas sin intervención tecnológica excesiva.
Blend mediterráneo de Cabernet Sauvignon, Cinsault y Carignan con envejecimiento prolongado en madera, notable estructura tánica y longevidad excepcional.
Elaborado con las variedades autóctonas Obaideh y Merwah, produce blancos dorados, untuosos y de gran complejidad oxidativa reminiscente al estilo borgonón envejecido.
Vinos frescos de carácter frutal elaborados principalmente con Cinsault y Grenache.
La historia vitivinícola de Keserwan se remonta a la Antigüedad: los fenicios exportaron vino desde estas costas al Mediterráneo oriental hace más de tres milenios, y la región aparece referenciada en textos clásicos griegos y romanos. Durante el dominio otomano la producción se contrajo, pero los monjes maronitas mantuvieron la tradición vinícola en los monasterios de la montaña. La era moderna comienza en 1857 cuando Gaston Hochar funda Château Musar en Ghazir, en el corazón de Keserwan, estableciendo el primer negociant-producteur de escala comercial en la zona. Sin embargo, es Serge Hochar —bajo la influencia del negociante bordelés Ronald Barton— quien desde la década de 1960 eleva Château Musar a reconocimiento internacional, presentándolo por primera vez en la feria de Bristol en 1979 y obteniendo elogios de la crítica anglosajona. Que la bodega continuara produciendo durante la guerra civil libanesa (1975–1990), con excepción de las cosechas de 1976 y 1984, es parte del mito fundacional de Keserwan como región vinícola resiliente y vocacional. Hoy la zona convive con productores de nueva generación que apuestan por las variedades autóctonas.