Jerez es la cuna del vino generoso más complejo y longevo del mundo: el Sherry. Un sistema de crianza único —la solera— produce vinos que desafían el tiempo y la clasificación convencional.
Situada en el extremo suroeste de España, en la provincia de Cádiz (Andalucía), la zona de producción se concentra en el triángulo formado por las ciudades de Jerez de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María. Limita al oeste con el océano Atlántico y al sur con la bahía de Cádiz. El río Guadalquivir marca su frontera norte. Coordenadas aproximadas: 36°41'N, 6°08'O. La influencia marítima atlántica es determinante en el carácter de sus vinos, especialmente en Sanlúcar, donde nace la Manzanilla.
Denominación de Origen (DO) reconocida en 1933, una de las más antiguas de España. Internamente se distinguen tres zonas de producción: Jerez Superior (sobre albarizas), Zona de Producción General y la DO Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda como denominación independiente pero vinculada. El Consejo Regulador estableció en 2000 las categorías VOS (Very Old Sherry, mínimo 20 años) y VORS (Very Old Rare Sherry, mínimo 30 años) para Amontillado, Oloroso, Palo Cortado y Pedro Ximénez.
Entre 25 y 150 metros sobre el nivel del mar. El relieve es suave y ondulado, con lomas bajas conocidas localmente como 'pagos', siendo los más valorados los de albariza de la zona de Jerez Superior.
Aproximadamente 7,000 hectáreas en producción activa (la zona delimitada supera las 10,000 ha, pero hubo significativas reducciones desde los años 1980).
El clima es mediterráneo-atlántico con marcada influencia oceánica. Los veranos son largos, secos y calurosos (hasta 40°C), mientras que los inviernos son suaves y húmedos. El viento de poniente, húmedo y atlántico, contrasta con el levante, cálido y seco. La precipitación anual ronda los 600 mm, concentrada en otoño-invierno. El suelo estrella es la albariza: caliza blanca con alto contenido en carbonato cálcico (hasta 80%), que refleja la luz solar, retiene la humedad invernal y la libera lentamente durante el verano, permitiendo que la vid sobreviva la sequía estival. Este suelo es fundamental para la calidad y el perfil mineral del Palomino Fino. Las arenas y barros son suelos secundarios donde se cultivan principalmente Pedro Ximénez y Moscatel.
Vino generoso pálido y seco, criado bajo velo de flor en Jerez de la Frontera o El Puerto de Santa María, de gran finura y notas de almendra verde.
Fino elaborado exclusivamente en Sanlúcar de Barrameda, más salino y punzante por la influencia directa del Atlántico.
Fino que pierde el velo de flor y continúa criándose oxidativamente, con color ámbar y notas de avellana y madera.
Criado íntegramente de forma oxidativa, sin flor, de color caoba oscuro, seco o dulcificado, con aromas a nuez y caramelo tostado.
Estilo excepcional y raro que combina la nariz de un Amontillado con el paladar y cuerpo de un Oloroso.
Vino dulce elaborado con uvas sobremaduradas al sol, de color negro, densísimo y con sabores a pasas, higos y melaza.
Oloroso dulcificado con Pedro Ximénez o mosto, de amplio consumo internacional.
Categoría de envejecimiento superior que certifica sherries con promedio de más de 30 años en solera.
La presencia vitícola en la región se remonta a los fenicios, quienes introdujeron la vid hacia el siglo XI a.C., y los romanos la intensificaron bajo el nombre de Hasta Regia. Durante la dominación árabe (711-1264) la producción no se interrumpió del todo gracias al comercio de pasas y vinagre. Tras la Reconquista, el rey Alfonso X de Castilla tomó la ciudad en 1264, entonces llamada Sherish —origen árabe del topónimo Sherry—. Durante los siglos XV y XVI los jerezanos abastecían a la flota de Colón y el vino comenzó su exitosa exportación a Inglaterra y los Países Bajos, donde se le conoció como 'sack'. En 1587, Francis Drake saqueó Cádiz y se llevó 2,900 pipas de Sherry a Londres, disparando su popularidad. El sistema de soleras se formalizó en el siglo XIX, y en ese mismo período las grandes casas exportadoras —Gonzalez Byass, Osborne, Williams & Humbert— consolidaron el comercio internacional. La filoxera devastó los viñedos entre 1894 y 1900, pero la zona se recuperó replantando sobre Palomino Fino. La DO fue oficialmente reconocida en 1933, siendo una de las primeras de España.