Tierra de conquistadores y encinas centenarias, Extremadura alberga una de las regiones vinícolas más extensas y en transformación de España, donde el calor extremo y suelos pobres forjan vinos de carácter rotu
Comunidad autónoma al suroeste de España, limítrofe con Portugal al oeste y con Castilla-La Mancha al este. Comprende las provincias de Cáceres al norte y Badajoz al sur. El río Guadiana atraviesa la región de este a oeste como eje hidrográfico fundamental. Ciudades de referencia: Mérida, Badajoz, Cáceres, Almendralejo. Coordenadas aproximadas: 38°–40° N, 5°–7° O. La comarca vinícola se concentra especialmente en la Tierra de Barros (Badajoz) y en zonas de Cañamero y Montánchez.
DO Ribera del Guadiana (Denominación de Origen), reconocida en 1999 y articulada en seis subzonas: Cañamero, Montánchez, Ribera Alta, Ribera Baja, Matanegra y Tierra de Barros. Fuera de esta DO existen vinos con IGP Extremadura.
300–700 msnm en la mayoría de los viñedos; las subzonas de sierra (Cañamero, Montánchez) alcanzan los 600–700 m, mientras Tierra de Barros se asienta entre 300–450 m sobre una meseta ondulada.
Aproximadamente 87.000 hectáreas de viñedo en la comunidad autónoma (una de las mayores superficies de España), de las cuales unas 30.000–35.000 están amparadas bajo la DO Ribera del Guadiana.
Clima mediterráneo continental de marcada continentalidad: veranos tórridos (temperaturas que superan los 40 °C) e inviernos fríos, con escasas precipitaciones anuales (400–550 mm) concentradas en otoño e invierno. La altitud de las subzonas serranas modera las temperaturas y alarga el ciclo vegetativo, aportando frescura y acidez. Los suelos de Tierra de Barros son arcillo-calcáreos de coloración rojiza, ricos en potasio y con buena capacidad de retención hídrica, lo que permite a la Pardina (Cayetana Blanca) y la Tempranillo sobrevivir la sequía estival. En Cañamero y Montánchez predominan suelos graníticos y pizarrosos que imprimen mineralidad y tensión a los vinos. La influencia atlántica moderada penetra desde Portugal, suavizando los excesos térmicos en la franja occidental.
Vinos de fruta roja directa, tanino suave y color profundo, listos para consumo temprano.
Estructurados, con notas de ciruela, especias y madera integrada, reflejando el calor extremeño domado por la altitud.
Blancos de volumen medio, notas florales y cítricas, con frescura sorprendente dado el clima.
Elaboraciones de bodegas modernas con Syrah o Graciano que buscan expresión de terruño.
La viticultura en Extremadura se remonta a la época romana: la colonia Augusta Emerita (actual Mérida), fundada en 25 a.C., fue un centro agrícola donde el vino tenía papel central. Durante la Alta Edad Media la producción decayó bajo dominio visigodo y árabe, para resurgir con la Reconquista en los siglos XII y XIII, impulsada por órdenes militares y monasterios que replantaron viñedos en torno a Guadalupe y Cáceres. En el siglo XVI Extremadura exportaba vinos a las colonias americanas, beneficiándose de su posición geográfica de tránsito. La filoxera llegó a finales del siglo XIX y devastó gran parte del viñedo, obligando a replantaciones masivas con uvas de alta producción como Cayetana Blanca. Durante el siglo XX la región se orientó a vinos a granel y a la destilación, perdiendo protagonismo. La modernización llegó en los años 1990 con la inversión en bodegas tecnificadas y la obtención de la DO Ribera del Guadiana en 1999, que marcó el inicio de una etapa de valorización de variedades autóctonas y de viticultura de calidad.