Emilia-Romagna es el corazón productivo del norte de Italia, hogar del Lambrusco espumoso y del Sangiovese de Romagna, una región donde la abundancia gastronómica y vinícola se entrelazan de manera indisoluble.
Emilia-Romagna se extiende en el norte de Italia entre el río Po al norte y la cordillera de los Apeninos al sur, con salida al mar Adriático al este. Comprende dos subzonas históricas: Emilia, con capital en Bolonia, y Romagna, orientada hacia Rávena, Forlì-Cesena y Rímini. La llanura padana ocupa gran parte del territorio, mientras las colinas apénicas aportan los mejores terruños vitícolas. Coordenadas aproximadas: 44°N, 11°E. Ciudades de referencia: Bolonia, Módena, Parma, Rávena, Forlì y Rímini.
DOC (Denominazione di Origine Controllata) y DOCG (Denominazione di Origine Controllata e Garantita). Principales DOCG: Albana di Romagna DOCG (primera DOCG blanca de Italia, 1987), Colli Bolognesi Pignoletto DOCG, Romagna Albana Spumante DOCG. Numerosas DOC entre las que destacan Lambrusco di Sorbara DOC, Lambrusco Grasparossa di Castelvetro DOC, Lambrusco Salamino di Santa Croce DOC, Reggiano DOC y Romagna DOC (que engloba Sangiovese di Romagna).
La llanura padana se sitúa prácticamente a nivel del mar (20-50 m s.n.m.), mientras las zonas de colina apénica donde se producen los vinos de mayor calidad oscilan entre 150 y 500 metros sobre el nivel del mar. Los viñedos más elevados de Romagna alcanzan los 600 m en las estribaciones de los Apeninos, aportando mayor acidez y complejidad a los vinos.
Emilia-Romagna es una de las regiones vitivinícolas más productivas de Italia, con aproximadamente 55.000 a 60.000 hectáreas de viñedo registradas, que la ubican entre las primeras cinco regiones italianas por superficie cultivada y volumen de producción.
El clima es continental con influencia adriática en la parte oriental: veranos cálidos y secos, inviernos fríos, primaveras húmedas. La llanura padana registra nieblas otoñales que favorecen la producción masiva del Lambrusco en espaldera alta (Guyot y pérgola). Las colinas de Romagna presentan suelos calcáreos y arcillo-calcáreos de origen marino, ideales para el Sangiovese, que aquí produce vinos de estructura media, buena acidez y notas de cereza fresca. En la zona de Módena y Reggio Emilia, los suelos son más limosos y aluviales, con mayor fertilidad, lo que explica el perfil frutal y ligeramente dulce del Lambrusco tradicional. La influencia del Adriático modera las temperaturas estivales en Romagna, alargando el ciclo vegetativo y favoreciendo la madurez aromática de las uvas.
Vino tinto o rosado semi-espumoso, desde seco hasta amabile, con burbujas vivas, acidez fresca y aromas de frutos rojos y violetas.
Tinto tranquilo de acidez vivaz, taninos medios y perfil de cereza y hierbas, con versiones Superiore y Riserva de mayor complejidad.
Blanco seco o pasito elaborado con la uva autóctona Albana, con notas de melocotón, almendra y miel en sus versiones pasificadas.
Blanco fresco o frizzante, ligero y floral, producido en los Colli Bolognesi con la uva Grechetto Gentile.
Blanco aromático y ligero, frecuentemente frizzante, con notas de flores blancas y frutas tropicales suaves.
La viticultura en Emilia-Romagna se remonta a los pueblos ligures y celtas, consolidándose con la colonización romana: la Via Emilia, construida en 187 a.C., vertebró el desarrollo agrícola de toda la llanura padana. En la Edad Media, monasterios benedictinos y comunidades locales preservaron la tradición vinícola; las crónicas medievales ya mencionan el Lambrusco como vino festivo de la corte de los Este en Ferrara. En el siglo XIX, la región se convirtió en una de las mayores productoras de Italia, impulsada por la demanda interna y la expansión ferroviaria. La DOCG de Albana di Romagna, otorgada en 1987, fue la primera concedida a un vino blanco italiano, hito controvertido que puso en el mapa la viticultura romagnola. Durante el siglo XX, el Lambrusco experimentó una industrialización masiva que lo popularizó internacionalmente —especialmente en Estados Unidos en los años setenta— pero diluyó su imagen. Desde los años noventa y con mayor fuerza en el siglo XXI, productores de Romagna y de la zona de Módena han encabezado un movimiento de recuperación de clones locales, viticultura de colina y métodos de producción artesanales que están redefiniendo la región.