A las puertas de la capital española, la DO Vinos de Madrid ha pasado de ser una región vitícola olvidada a convertirse en uno de los territorios más emocionantes de España, impulsada por Garnachas de altura so
Situada en el centro de la península ibérica, la Comunidad de Madrid abarca los viñedos que rodean la ciudad de Madrid por el sur y el oeste. La región vitivinícola se extiende sobre las estribaciones meridionales de la Sierra de Guadarrama, con los ríos Jarama, Tajuña y Alberche articulando el territorio. Las tres subzonas —Arganda al sureste, Navalcarnero al suroeste y San Martín de Valdeiglesias al oeste— se sitúan entre los 40° N de latitud aproximadamente, con municipios de referencia como Arganda del Rey, Navalcarnero y San Martín de Valdeiglesias, todos a menos de 70 km del centro de Madrid.
DO Vinos de Madrid, reconocida en 1990. Se organiza en tres subzonas con perfiles diferenciados: Arganda (dominio del Tempranillo sobre arcillas y yeso), Navalcarnero (Garnacha y Malvar sobre arenas) y San Martín de Valdeiglesias (Garnacha vieja sobre granito y arena granítica).
Entre 550 y 1.000 metros sobre el nivel del mar. El relieve es de meseta y piedemonte serrano, con laderas y terrazas fluviales que confieren diversidad topográfica significativa dentro de la denominación.
Aproximadamente 9.000 hectáreas de viñedo en producción dentro de la DO Vinos de Madrid, repartidas de forma desigual entre las tres subzonas, siendo Arganda la más extensa.
El clima es continental semiárido, con inviernos fríos, veranos calurosos y secos y una oscilación térmica diaria y estacional muy acusada que favorece la concentración aromática y la retención de acidez. La altitud modera las temperaturas extremas del verano madrileño. Los suelos varían radicalmente por subzona: en Arganda predominan las arcillas pardas con yeso y caliza, que aportan estructura y volumen; en Navalcarnero las arenas sueltas producen vinos más ligeros y aromáticos; en San Martín de Valdeiglesias los suelos arenosos de disgregación granítica, pobres y con excelente drenaje, son el sustrato de las Garnachas viejas que han catapultado a Madrid al mapa del vino de autor. La Sierra de Guadarrama actúa como barrera que retiene humedad atlántica y refresca las noches de verano, clave para la elegancia de los mejores vinos de la zona occidental.
Vinos tintos de Garnacha vieja sobre granito, con perfil floral, frutas rojas frescas, tensión mineral y gran potencial de guarda.
Tintos de cuerpo medio-alto, con fruta oscura madura, taninos firmes y carácter más cálido y meridional.
Blancos de carácter atlántico-continental, con notas de fruta de hueso, salinidad y acidez vibrante, de perfil cada vez más reivindicado.
Blanco autóctono ligero y aromático, vinificado generalmente en acero para consumo joven y fácil.
La vid lleva cultivándose en el entorno de Madrid desde la época romana, aunque fue durante la Edad Media cuando la viticultura se consolidó en torno a los monasterios y las órdenes religiosas que abastecían a la corte. Con el traslado de la capital a Madrid en 1561 bajo Felipe II, la demanda de vino local creció exponencialmente; los vinos de la comarca de Arganda y San Martín de Valdeiglesias surtían directamente a la Villa y Corte. Durante los siglos XVIII y XIX la región fue proveedora masiva de vino de consumo diario. La llegada de la filoxera a finales del siglo XIX devastó gran parte del viñedo, aunque algunas parcelas de Garnacha en suelos arenosos graníticos de San Martín sobrevivieron sin ser reinjertadas, convirtiéndose siglo y medio después en tesoros vitícolas de viña prefiloxérica. El reconocimiento formal llegó en 1990 con la concesión de la Denominación de Origen Vinos de Madrid. A partir de la década de 2000, y especialmente desde 2010, una generación de bodegas boutique y proyectos de autor redescubrió el potencial de las viejas Garnachas serranas, situando a la región en el radar internacional de críticos y coleccionistas.