Enclavado en los Andes del sur boliviano, el Valle de Cinti es uno de los viñedos de mayor altitud del planeta y cuna del singani, la denominación de origen más emblemática de Bolivia. Su viticultura colonial,
El Valle de Cinti se encuentra en el departamento de Chuquisaca, en el sur de Bolivia, aproximadamente entre los 20° y 21° de latitud sur y los 65° de longitud oeste. La región se articula a lo largo del río Camblaya y sus afluentes, en un sistema de quebradas y valles intermontanos de los Andes orientales. Los municipios vitivinícolas principales son Camargo y Villa Abecia, situados a unos 300 km al sur de Sucre, capital constitucional del país. El relieve es abrupto y escalonado, con laderas que descienden hacia valles estrechos donde la vid se cultiva en terrazas y bancales andinos tradicionales conocidos como andenes.
Denominación de Origen Singani (D.O. Singani), reconocida por el Estado Plurinacional de Bolivia mediante el Reglamento Específico de la D.O. Singani. Para vinos tranquilos no existe aún un sistema de denominación de origen formal equivalente al europeo; la producción vinícola se regula bajo normas generales del SENASAG (Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria).
Los viñedos se ubican entre los 1.600 y los 2.800 metros sobre el nivel del mar. Este rango altitudinal extremo, con viñas frecuentemente por encima de los 2.000 msnm, coloca al Valle de Cinti entre las zonas vitícolas de mayor elevación del mundo. El relieve es de sierra andina con pendientes pronunciadas.
Se estiman aproximadamente 3.000 a 4.000 hectáreas de vid plantadas en todo el departamento de Chuquisaca, con el Valle de Cinti como núcleo histórico y productivo principal. Las cifras exactas varían según la fuente debido al minifundismo y la viticultura de subsistencia que coexisten con productores comerciales.
El clima es árido a semiárido de montaña tropical, con marcada amplitud térmica diaria: veranos cálidos durante el día y noches frescas que preservan la acidez y los aromas varietales. Las precipitaciones son escasas y estacionales, concentradas en verano austral (noviembre-marzo), lo que obliga al uso de riego por acequia en muchos viñedos. Los suelos son predominantemente franco-arcillosos con presencia de gravas, arenas y limos aluviales depositados por los ríos andinos, con buen drenaje natural favorecido por la pendiente. La irradiación ultravioleta es intensa a esta altitud, factor que potencia la acumulación de polifenoles y aromas terpénicos en la Moscatel de Alejandría. La sequedad del ambiente limita la presión de hongos y plagas, permitiendo una viticultura con bajo uso de agroquímicos. El resultado son vinos y aguardientes de gran expresión aromática floral y frutal con acidez viva.
Aguardiente de uva destilado exclusivamente de Moscatel de Alejandría cultivada por encima de los 1.600 msnm, de gran delicadeza aromática floral y cítrica.
Blancos secos o semisecos elaborados con Moscatel de Alejandría, de perfil intensamente aromático con notas de azahar, durazno y hierbas andinas.
Tintos de cuerpo medio a ligero a base de Negra Criolla o variedades internacionales, con acidez pronunciada y taninos frescos definidos por la altitud.
Vinos dulces naturales o encabezados elaborados en pequeña escala con uvas pasificadas, de tradición colonial vigente en algunas bodegas familiares.
La viticultura en el Valle de Cinti es herencia directa de la colonización española del siglo XVI. Los primeros registros del cultivo de la vid en la Audiencia de Charcas (actual Bolivia) datan de la segunda mitad del siglo XVI, cuando misioneros jesuitas y franciscanos introdujeron la vid —principalmente Moscatel de Alejandría y Negra Criolla— para la producción de vino litúrgico y aguardiente. Durante los siglos XVII y XVIII, la región de Cinti abasteció de vinos y aguardientes a los grandes centros mineros del Potosí y del Cerro Rico, constituyéndose en una de las zonas productoras más prósperas del Virreinato del Perú. La filoxera, que devastó los viñedos europeos en el siglo XIX, no golpeó con la misma intensidad a los Andes bolivianos gracias al aislamiento geográfico y a los suelos arenosos de algunos valles, de modo que perviven hasta hoy cepas prefiloxéricas de extraordinaria antigüedad. En el siglo XX, la industria del singani fue tomando preeminencia comercial sobre el vino, y en 1992 Bolivia obtuvo el reconocimiento oficial de la Denominación de Origen Singani. A partir de la década de 2000, una nueva generación de bodegueros ha apostado por la elaboración de vinos tranquilos de calidad, recuperando el prestigio vinícola histórico del valle.