Enclavada en el corazón del Valle de la Bekaa, Chtoura es uno de los núcleos históricos de la viticultura libanesa, territorio donde altitud extrema y herencia fenicia confluyen para producir tintos de singular
Chtoura se sitúa en el centro del Valle de la Bekaa, gobernación de Baalbeck-Hermel y Zahle, entre las cadenas montañosas del Líbano Occidental (Jbel Liban) al oeste y el Anti-Líbano al este. Coordenadas aproximadas: 33°51′N, 35°51′E. La ciudad de Zahle, capital vinícola del país, dista apenas 8 km al norte. El río Litani discurre por el fondo del valle. Beirut queda a unos 55 km al noroeste, al otro lado de la cordillera. El valle, con orientación norte-sur, actúa como corredor que canaliza vientos frescos nocturnos desde las cimas nevadas, factor decisivo para la calidad de la uva.
Líbano no cuenta con un sistema de denominaciones de origen legalmente regulado equivalente al AOC francés o DOCa español. Las etiquetas se rigen por la Ley de la Vid y el Vino libanesa (Decreto 989/2009), que establece categorías básicas de calidad pero sin delimitación geográfica vinculante a escala de subzona. Muchos productores emplean de manera voluntaria la indicación 'Valle de la Bekaa' como referencia territorial de prestigio.
El Valle de la Bekaa en la zona de Chtoura oscila entre 900 y 1 100 m s. n. m. El relieve es de llanura aluvial flanqueada por macizos que superan los 2 800 m, lo que genera una amplitud térmica diurna excepcional.
El Valle de la Bekaa concentra aproximadamente el 70-80 % de los viñedos libaneses; la superficie nacional total ronda las 2 000-2 500 ha de viñedo vinícola, según estimaciones del Ministerio de Agricultura libanés.
El clima es mediterráneo continental de montaña: veranos secos y calurosos con noches frescas (amplitud térmica de 15-20 °C), inviernos fríos con nevadas frecuentes en las cimas circundantes. La precipitación anual se concentra entre noviembre y abril (400-600 mm), dejando la campaña estival prácticamente seca, lo que favorece la madurez fenólica sin podredumbre. Los suelos son predominantemente calcáreos arcillosos —calizas cretácicas y miocénicas— sobre un substrato de gravas aluviales aportadas por el río Litani. Esta combinación de cal viva, drenaje eficaz y estrés hídrico controlado produce uvas de piel gruesa, acidez natural sostenida y concentración polifenólica elevada. La altitud retrasa la vendimia hasta septiembre-octubre, conservando aromas primarios y frescura que distinguen a los vinos del Bekaa de los producidos en regiones más cálidas del Mediterráneo oriental.
Ensamblajes burdeos (Cabernet Sauvignon, Merlot, Petit Verdot) con crianza en barrica francesa, taninos firmes y potencial de envejecimiento de 10-20 años.
Cinsault y Carignan vinificados con menor intervención, expresivos en fruta roja y especias, de beber más joven.
Vinos elaborados con Obeidi o Merwah, varietales únicos del Líbano, con notas oxidativas controladas y textura untuosa.
Rosados secos a partir de Cinsault, frescos y aromáticos, muy consumidos localmente.
La viticultura en el Valle de la Bekaa posee raíces que se remontan al menos tres milenios: los fenicios comerciaban vino del Líbano por todo el Mediterráneo, y la ciudad de Baalbeck —a 35 km al norte de Chtoura— albergó el templo romano de Baco (siglo II d. C.), testigo pétreo del culto al vino en la región. Durante la dominación otomana la producción decayó, pero en 1857 los jesuitas franceses fundaron Château Ksara, a pocos kilómetros de Chtoura, inaugurando la viticultura moderna del Líbano. A finales del siglo XIX y principios del XX proliferaron pequeñas bodegas familiares en el Bekaa. La guerra civil libanesa (1975-1990) devastó el sector, pero paradójicamente Château Musar, Château Ksara y Château Kefraya mantuvieron la producción incluso en años de conflicto activo, episodio que se convirtió en símbolo de resiliencia vinícola. Desde los años noventa el sector vive un renacimiento sostenido: el número de bodegas pasó de menos de cinco en 1990 a más de cincuenta en la década de 2020, con inversión creciente en varietales internacionales y recuperación de cepas autóctonas.