Isla mediterránea de identidad vinícola propia, Cerdeña conserva cepas de origen fenicio y español que no se encuentran en ningún otro rincón de Italia. Sus vinos van del Cannonau potente y especiado hasta el V
Cerdeña (Sardegna) es la segunda isla más grande del Mediterráneo, situada al oeste de la península italiana, al sur de Córcega y al este de Túnez. Se ubica aproximadamente entre los paralelos 38°51' y 41°15' N. Sus cuatro provincias principales son Cagliari, Sassari, Nuoro y Oristano. El mar Tirreno la bordea al este y el mar de Cerdeña al oeste. El interior montañoso está dominado por el macizo del Gennargentu, que supera los 1.800 m. Las ciudades vinícolas de referencia incluyen Cagliari al sur, Oristano en la costa occidental y Nuoro en el corazón de la isla.
DOC (Denominazione di Origine Controllata) y DOCG (Denominazione di Origine Controllata e Garantita). La isla cuenta con una DOC regional amplia —Sardegna DOC— y denominaciones subregionales como Cannonau di Sardegna DOC, Vermentino di Gallura DOCG (única DOCG sarda), Vernaccia di Oristano DOC, Carignano del Sulcis DOC, Monica di Sardegna DOC y Malvasia di Bosa DOC, entre otras.
Los viñedos costeros se sitúan casi al nivel del mar (0-100 m), mientras que los de interior en la región de Nuoro y el Gennargentu alcanzan los 400-700 m. El relieve es accidentado, con colinas graníticas y mesetas basálticas ('giare') características.
Aproximadamente 25.000-28.000 hectáreas de viñedo en producción, según datos del Ministero dell'Agricoltura italiano y el Consorzio di tutela.
El clima es mediterráneo clásico: veranos secos y cálidos, inviernos suaves y lluviosos. El viento del noroeste —el Maestrale— es omnipresente y reduce la presión de enfermedades fúngicas, permitiendo una viticultura de bajo intervención. Los suelos son extraordinariamente variados: granito y esquisto en Gallura (norte), donde nace el mejor Vermentino; suelos calcáreo-arcillosos en el Campidano (sur); basalto y arcillas en el Sulcis (suroeste), hogar del Carignano; y suelos arenosos y aluviales en Oristano. La influencia marina aporta salinidad y frescura a los vinos costeros, mientras que la altitud en el interior preserva acidez y complejidad aromática. El resultado son tintos de gran cuerpo y especiados en el caso del Cannonau, y blancos de vocación atlántica en el Vermentino di Gallura.
Tinto potente, cálido y especiado elaborado con Grenache local; puede ser seco, licoroso o riserva.
Blanco seco de cuerpo medio-alto, aromático, con notas de hinojo, almendra y salinidad marina.
Blanco oxidativo envejecido en roble, amontillado a su manera, con notas de nuez y naranja amarga.
Tinto de viñas viejas en suelos arenosos, con fruta oscura, tanino firme y notable profundidad.
Blanco generoso o seco de gran rareza, elaborado con Malvasia en la costa noroeste.
La viticultura en Cerdeña data de al menos el siglo XIV a.C., cuando los pueblos nuragicos ya fermentaban uva, según vestigios arqueológicos hallados en el sitio de Su Nuraxi. Los fenicios y posteriormente los cartagineses consolidaron la vid en la isla hacia el siglo VIII-VII a.C. La dominación romana intensificó la producción, y Plinio el Viejo menciona los vinos sardos en su Naturalis Historia. Durante la Edad Media, la influencia aragonesa y española (siglos XIV-XVIII) fue determinante: el Cannonau llegó —o se consolidó— de la mano de los conquistadores ibéricos, y su identificación con el Grenache español es ampliamente aceptada, aunque los sardos reivindican su origen autóctono. La unificación italiana en 1861 abrió mercados peninsulares. La filoxera llegó más tarde que al continente y con menor devastación gracias al aislamiento insular y a los suelos arenosos del Sulcis, donde numerosas cepas prefiloxéricas sobreviven en pie propio hasta hoy. La DOC regional Sardegna se consolidó en el siglo XX, y el Vermentino di Gallura obtuvo la DOCG en 1996.