Archipiélago volcánico en el Atlántico que conserva viñedos prefiloxéricos únicos en el mundo, cultivados en suelos de lapilli y conducidos en vaso bajo el viento alisio. Sus vinos blancos atlánticos y tintos d
Las Islas Canarias se sitúan en el océano Atlántico, frente a la costa noroeste de África, entre los paralelos 27° y 29° N y los meridianos 13° y 18° O. Pertenecen a España y conforman una comunidad autónoma compuesta por siete islas principales: Tenerife, Gran Canaria, Lanzarote, Fuerteventura, La Palma, La Gomera y El Hierro. Las ciudades de referencia son Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria. No existen grandes ríos; el agua proviene de lluvias estacionales y nieblas orográficas. El relieve es volcánico y abrupto, con el Teide (3 718 m) como cima más alta de España.
Denominación de Origen (DO) regulada por el Ministerio de Agricultura de España. Existen diez DO reconocidas: Abona, El Hierro, Gran Canaria, La Gomera, La Palma, Lanzarote, Tacoronte-Acentejo, Valle de Güímar, Valle de la Orotava y Ycoden-Daute-Isora.
Desde el nivel del mar hasta más de 1 700 m en laderas del Teide y cumbres de La Palma; la mayoría de los viñedos se encuentran entre 200 y 1 200 m sobre el nivel del mar.
Aproximadamente 8 000 hectáreas de viñedo en total en el archipiélago, distribuidas entre las diez denominaciones de origen.
Clima subtropical oceánico, atemperado por la corriente fría de Canarias y los vientos alisios del nordeste, que aportan frescura y humedad relativa. Las lluvias son escasas en las islas orientales (Lanzarote, Fuerteventura) y más abundantes en las occidentales (La Palma, El Hierro). Los suelos volcánicos son el rasgo definitorio: en Lanzarote predomina el lapilli o picón, arenas volcánicas negras que retienen la humedad nocturna y protegen las cepas del viento mediante los célebres hoyos o zocos; en Tenerife y La Palma predominan suelos francos arenosos sobre roca basáltica con presencia de cenizas. La ausencia histórica de filoxera —la plaga nunca colonizó estos suelos volcánicos— preserva cepas centenarias en pie propio. El resultado son vinos blancos de acidez vibrante, perfil salino y aromas volcánicos, y tintos de color moderado pero gran expresividad aromática.
Elaborado principalmente con Listán Blanco o Malvasía, de acidez tensa, notas salinas y frescura atlántica.
Versión seca o ligeramente dulce de la histórica uva Malvasía, con textura untuosa y perfil frutal tropical.
Tintos de Listán Negro y Negramoll, de color rubí ligero, alta acidez, baja extracción y marcado carácter mineral.
Blanco o rosado de La Palma envejecido en madera de pino canario (tea), con notas resinosas y de montaña únicas.
Vino generoso dulce elaborado con Malvasía pasificada, heredero directo del Canary sack isabelino.
La viticultura en las Islas Canarias se remonta al siglo XV, cuando los colonizadores castellanos introdujeron la vid tras la conquista del archipiélago entre 1402 y 1496. En el siglo XVI y XVII las Canarias exportaban masivamente el llamado Canary sack o Canary wine —un vino generoso elaborado con Malvasía— a Inglaterra, siendo mencionado por Shakespeare en obras como Enrique IV y Las alegres comadres de Windsor. El comercio con América y Europa convirtió al archipiélago en una escala estratégica. La llegada de la filoxera al continente europeo en la segunda mitad del siglo XIX no afectó a las islas, preservando así viñedos centenarios en pie propio, hoy considerados un patrimonio vitivinícola excepcional. Durante el siglo XX la viticultura canaria declinó ante el avance del turismo y la agricultura de exportación. La creación de las primeras Denominaciones de Origen —Tacoronte-Acentejo en 1992 fue la primera— marcó el inicio de la recuperación moderna, con nuevas generaciones de bodegueros reivindicando variedades autóctonas y terroir volcánico a escala internacional.