La región vinícola más septentrional y pequeña de la República Checa, Bohemia produce vinos de elegancia nórdica a orillas del Elba y el Moldava, donde la historia imperial del siglo XIV dejó una huella indeleb
Bohemia se ubica en el noroeste de la República Checa, aproximadamente entre los 50°N y los 14–16°E. La región vitícola se concentra en torno a los valles del río Elba (Labe) y su afluente el Moldava (Vltava), con epicentro en las ciudades de Mělník y Litoměřice, a unos 30–50 km al norte de Praga. Las laderas volcánicas y sedimentarias que flanquean el Elba constituyen el núcleo productivo, organizado en dos subregiones oficiales: la Mělnická y la Litoměřická. La proximidad a Praga históricamente garantizó un mercado aristocrático y cortesano para sus vinos.
La República Checa aplica la Ley Vitivinícola 321/2004, armonizada con la UE. Las categorías son: Stolní víno (vino de mesa), Zemské víno (vino regional/Landwein), Jakostní víno (vino de calidad con origen Česká vinařská oblast – Čechy) y Jakostní víno s přívlastkem (vino de calidad con atributo): Kabinet, Pozdní sběr (vendimia tardía), Výběr z hroznů (selección de uvas), Výběr z bobulí (selección de bayas), Výběr z cibéb (selección de pasas), Ledové víno (vino de hielo) y Slámové víno (vino de paja). No existe un sistema de crus ni denominaciones parcelarias equiparables a Borgoña.
150–280 metros sobre el nivel del mar. El relieve es suave a moderadamente inclinado, con laderas orientadas al sur y suroeste sobre los valles fluviales del Elba y el Moldava, que ofrecen la mejor exposición solar en esta latitud extrema.
Aproximadamente 600–700 hectáreas de viñedo en producción, lo que representa menos del 5% de la superficie vitícola total de la República Checa; Moravia concentra el resto. La pequeñez de la región la hace cualitativamente orientada y de producción limitada.
Clima continental moderado, con inviernos fríos y veranos cálidos pero cortos; la latitud (~50°N) impone una temporada vegetativa ajustada que favorece la acidez natural y los aromas primarios. Los valles del Elba y el Moldava funcionan como corredores térmicos que mitigan las heladas tardías y acumulan calor durante el verano. Los suelos son heterogéneos: predominan las pizarras y rocas volcánicas (fonolita, basalto) en las laderas de Litoměřice y Žernoseky, que aportan mineralidad y tensión; mientras que en Mělník dominan los suelos arcillo-calcáreos y loess sobre terrazas fluviales, favorables para el Pinot Noir y el Riesling. Esta combinación de acidez elevada, suelos minerales y madurez justa produce blancos aromáticos de perfil tenso y tintos de Pinot Noir con carácter borgoñón ligero, sin la riqueza alcohólica del sur europeo.
Blanco seco de alta acidez, notas cítricas y minerales, con potencial de guarda en añadas cálidas.
Tinto ligero a medio cuerpo, con fruta roja delicada y perfil borgoñón, expresión más fresca que sus equivalentes del sur.
Blancos semidulces a dulces elaborados con uvas de cosecha tardía, con equilibrio entre azúcar residual y acidez vibrante.
Producción ocasional en años de heladas excepcionales, de alta concentración y dulzor, rareza de colección.
La viticultura en Bohemia tiene raíces documentadas desde el siglo IX-X, vinculadas a monasterios benedictinos y cistercienses que cultivaban viñas en las laderas del Elba. El hito fundacional más célebre ocurre en 1358, cuando el emperador Carlos IV —rey de Bohemia y Sacro Emperador Romano-Germánico— decretó la plantación obligatoria de vides borgoñonas (Pinot Noir de Borgoña) en las laderas de Mělník, convirtiendo la ciudad en símbolo histórico del vino checo. Durante los siglos XV-XVII la región prosperó bajo el patrocinio de la nobleza bohemia, con el castillo de Mělník como referencia vitícola. La industrialización del siglo XIX y la colectivización comunista tras 1948 homogeneizaron y deterioraron la calidad; las cooperativas sustituyeron a los productores familiares y se priorizó el rendimiento sobre la excelencia. Tras la Revolución de Terciopelo de 1989 y la privatización de los años 90, pequeños productores y la familia Lobkowicz recuperaron el château de Mělník, iniciando una era de renacimiento cualitativo. La adhesión a la UE en 2004 modernizó la legislación vitivinícola y alineó las categorías checas con los estándares europeos.