Enclavada en el corazón montañoso de Campania, la provincia de Benevento es custodio de uvas autóctonas milenarias como la Falanghina y el Aglianico, cepas que los romanos ya celebraban y que hoy definen alguno
La provincia de Benevento se sitúa en la región de Campania, en el sur de Italia (aprox. 41°08′N, 14°47′E). Limita al norte con Molise, al este con Avellino, al sur con Salerno y al oeste con Caserta y Napoli. El territorio es predominantemente interior y montañoso, articulado en torno al río Calore Irpino —afluente del Volturno— y al macizo del Taburno-Camposauro. La ciudad de Benevento, antigua Beneventum romana, es la capital de referencia. La zona carece de costa directa y se encuentra a unos 60 km del Tirreno, lo que le confiere un carácter marcadamente continental y de altitud.
DOC (Denominazione di Origine Controllata): Sannio DOC, Falanghina del Sannio DOC. DOCG (Denominazione di Origine Controllata e Garantita): Aglianico del Taburno DOCG (también llamado Taburno DOCG). IGT: Beneventano IGT.
Los viñedos se ubican entre 200 y 700 metros sobre el nivel del mar, con las parcelas más elevadas y reputadas del Aglianico del Taburno concentradas en las faldas del macizo del Taburno-Camposauro, que supera los 1.394 m de cima. El relieve es accidentado, con colinas arcillosas y laderas bien expuestas al sur y sureste.
La provincia cuenta con aproximadamente 12.000–14.000 hectáreas de viñedo censadas, siendo la Sannio DOC una de las denominaciones campanas de mayor superficie. El Aglianico del Taburno DOCG cubre alrededor de 600–800 hectáreas en producción efectiva.
El clima es continental de montaña, con veranos calurosos y secos, otoños prolongados que son cruciales para la maduración tardía del Aglianico, e inviernos fríos y nevados en cotas altas. La ausencia de influencia marina directa acentúa la amplitud térmica diurna, factor que preserva la acidez natural de las uvas y aporta finura aromática. Los suelos varían según la subzona: en el Taburno predominan las arcillas compactas sobre bases calcáreas y volcánicas (herencia de la actividad del Vesubio), ricas en minerales; en las llanuras del Calore los suelos son más aluviales y sueltos. Esta combinación de altitud, suelos arcillo-calcáreos y oscilación térmica es la firma del estilo beneventano: vinos de buena estructura tánica, acidez vibrante y personalidad terrosa y especiada.
Tinto de guarda, taninos firmes, notas de fruta oscura, cuero, especias y mineral, con acidez estructurante y gran potencial de envejecimiento.
Blanco aromático de notable frescura, con notas de flores blancas, manzana, pera y un toque mineral característico de los suelos volcánicos-calcáreos.
Rosado vibrante elaborado principalmente con Aglianico, de color intenso, frutalidad directa y buena acidez.
Versión de crianza prolongada (mínimo dos años, uno en madera), de mayor complejidad, estructura y capacidad de evolución en botella.
Espumoso elaborado con Falanghina por método Charmat o clásico, fresco y floral, de creciente presencia en el mercado.
El territorio del Sannio —tierra de los antiguos samnitas— posee una de las tradiciones vitivinícolas más longevas de Italia. El poeta latino Plinio el Viejo (siglo I d.C.) elogió los vinos de Beneventum, entonces importante nudo viario de la Vía Appia. Durante la dominación romana la vid era cultivada sistemáticamente en las colinas del Taburno y a orillas del Calore. Tras la caída del Imperio, la viticultura fue preservada por monasterios benedictinos y longobardianos; Benevento fue durante siglos capital del Ducado Lombardo de Benevento (siglo VI-IX), que fomentó la agricultura. La filoxera asoló los viñedos a finales del siglo XIX, obligando a la replantación sobre portainjertos americanos. El reconocimiento institucional moderno llegó con la DOC Sannio en 1993 y la elevación del Aglianico del Taburno a DOCG en 2011, consolidando la vocación de la zona por uvas autóctonas y diferenciándola de otras denominaciones campanas como el Taurasi. La Falanghina, casi olvidada en el siglo XX, fue recuperada a partir de los años 1980-1990 gracias a productores visionarios y hoy es embajadora mundial de la Campania blanca.