Enclavada en los Apeninos campanos, la provincia de Avellino —conocida vinícolamente como Irpinia— es la cuna de algunos de los blancos más longevos y complejos de Italia, capaces de envejecer décadas con ele
Avellino se ubica en la región de Campania, sur de Italia, aproximadamente a 40 km al este de Nápoles. La provincia forma parte del territorio histórico de Irpinia, rodeada por los macizos del Apenino Campano-Lucano. El río Calore atraviesa el valle central, mientras que los montes del Partenio al norte y el Terminio-Cervialto al sur enmarcan los viñedos. Coordenadas aproximadas: 40°54' N, 15°03' E. Las ciudades de referencia son Avellino (capital provincial), Tufo, Lapio, Montefalcione y Taurasi. La zona está a más de 60 km del mar Tirreno, lo que le confiere un carácter netamente interior y continental.
DOCG (Denominazione di Origine Controllata e Garantita): Fiano di Avellino DOCG, Greco di Tufo DOCG y Taurasi DOCG. Existe también la DOC Irpinia como denominación paraguas para estilos complementarios.
400–700 m s. n. m. en los viñedos principales; el relieve es accidentado y de colinas empinadas con exposiciones variables, lo que genera microclimas diferenciados dentro de un espacio geográfico relativamente compacto.
Aproximadamente 1.200 ha bajo DOCG entre las tres denominaciones principales (Fiano di Avellino ~600 ha, Greco di Tufo ~400 ha, Taurasi ~250 ha), con variaciones según la vendimia.
El clima es continental con influencia mediterránea atenuada: inviernos fríos y veranos cálidos pero temperados por la altitud y los vientos apenínicos. La oscilación térmica diurna durante la maduración es pronunciada, factor decisivo para preservar la acidez natural de Fiano y Greco. Los suelos son de origen volcánico y calcáreo-arcilloso: en Tufo predominan tobas volcánicas amarillas ricas en azufre que imprimen al Greco su mineralidad sulfurosa característica; en Lapio y Montefalcione los suelos calizo-arcillosos dan a Fiano su textura grasa y su potencial de guarda. La ausencia de influencia marina directa prolonga la maduración y concentra los aromas. Las lluvias son moderadas y bien distribuidas, reduciendo el estrés hídrico. Todo ello produce blancos de acidez vibrante, bouquet complejo (avellana, miel, azufre, humo) y capacidad de evolución superior a 10–15 años en las mejores añadas.
Blanco seco de cuerpo medio-alto, con aromas de avellana tostada, miel de acacia, jazmín y notas ahumadas, con acidez tensa y notable potencial de envejecimiento.
Blanco seco de perfil mineral y salino, con notas cítricas, pera, almendra y un rasgo sulfuroso característico de los suelos volcánicos de Tufo.
Tinto de Aglianico, austero y tánico en su juventud, con aromas de frutos negros, cuero, especias y tabaco; considerado el 'Barolo del Sur'.
Versión espumosa del Greco, fresca y mineral, producida en volúmenes limitados con método clásico o charmat.
La viticultura en Irpinia se remonta al menos al período grecorromano: los oscos y los samnitas ya cultivaban la vid en estas colinas apeninas antes de la colonización griega del sur italiano. Plinio el Viejo y Virgilio mencionan los vinos campanos como entre los más apreciados de Roma. Durante la Edad Media, monasterios benedictinos mantuvieron la tradición vinícola. La familia Mastroberardino fue determinante en la modernización del sector durante el siglo XX: desde los años 1950 rescató y promovió las variedades autóctonas Fiano, Greco y Aglianico cuando la corriente nacional favorecía cepas internacionales. La Filloxera devastó los viñedos campanos a finales del siglo XIX, requiriendo la replantación sobre portainjertos americanos. La elevación a DOCG llegó en etapas: Taurasi obtuvo el estatus en 1993, Taurasi fue la primera DOCG de Campania; Fiano di Avellino y Greco di Tufo la siguieron en 2003. La denominación Irpinia DOC se creó en 2005 para encuadrar estilos adicionales. Desde los años 2000, una nueva generación de productores artesanales ha catapultado la región a la vanguardia de los vinos blancos italianos de alta gama.