Enclavada en el extremo oriental del Valle de la Bekaa, Anjar es una zona vitivinícola histórica del Líbano donde la altitud moderada y los suelos franco-calcáreos producen tintos de cuerpo medio con frescura s
Anjar se sitúa en el distrito de Záhle, provincia de Bekaa, en el este del Líbano, a unos 55 km al este de Beirut y a escasos kilómetros de la frontera siria. El Valle de la Bekaa es una planicie elevada flanqueada al oeste por el Monte Líbano y al este por el Antilíbano; el río Litani discurre hacia el sur de la región. Las coordenadas aproximadas son 33°44′N, 35°56′E. La ciudad de referencia más próxima es Záhle, capital vinícola del Líbano, y la antigua Baalbek queda al norte.
El Líbano no cuenta con un sistema de apelaciones de origen tan codificado como el AOC francés. Existe la Ley del Vino libanesa (Decreto 2000) que regula producción y etiquetado, y el Sindicato de Productores de Vino del Líbano agrupa a las bodegas; sin embargo, no hay una denominación específica 'Anjar'. Los vinos se etiquetan mayoritariamente bajo 'Bekaa Valley' como indicación geográfica reconocida.
La llanura de Anjar y sus alrededores oscilan entre los 900 y 1.050 metros sobre el nivel del mar. El relieve es predominantemente llano a suavemente ondulado, con pendientes más pronunciadas en las faldas del Antilíbano al este.
No se dispone de cifras oficiales desglosadas exclusivamente para Anjar; forma parte del conjunto del Valle de la Bekaa, que concentra más del 80% de los aproximadamente 2.500 hectáreas de viñedo existentes en el Líbano.
El clima es mediterráneo continental de altura: veranos secos y cálidos (julio-agosto superan los 30 °C durante el día) con noches frescas gracias a la altitud, e inviernos fríos con posibilidad de nieve. La amplitud térmica diaria puede alcanzar 20 °C en vendimia, factor clave para conservar acidez y aromas varietales. Las lluvias se concentran en invierno (500-700 mm anuales) y el verano es prácticamente seco, lo que limita enfermedades fúngicas. Los suelos son franco-arcillo-calcáreos con gravas aluviales depositadas por antiguas corrientes que bajan del Antilíbano; el drenaje es bueno y las raíces penetran en horizontes ricos en caliza, aportando mineralidad y firmeza tánica a los tintos. La ausencia de influencia marina directa otorga a los vinos concentración y estructura, mientras que la altitud preserva elegancia y frescura.
Ensamblajes de Cabernet Sauvignon con Syrah o Cinsault, de color intenso, taninos firmes y notas de especias orientales, cedro y fruta negra madura.
Vinos monovarietales o con predominio de Syrah, más especiados y florales, con acidez viva gracias a la altitud.
Elaborados con Chardonnay o Viognier, frescos y con buena acidez, menos frecuentes pero en crecimiento en productores del área.
La viticultura en el Valle de la Bekaa se remonta al menos a la época fenicia (siglos XI-VIII a.C.) y alcanzó gran esplendor bajo Roma, cuando Baalbek —a menos de 40 km al norte— era el gran centro del culto a Baco. El propio topónimo Bekaa deriva posiblemente de términos semíticos asociados a la llanura fértil. Tras la expansión del islam y siglos de declive, la vid sobrevivió gracias a comunidades cristianas maronitas y a usos litúrgicos. La era moderna del vino libanés arranca con la fundación del Château Ksara por los jesuitas en 1857 en la vecina Ksara, y la posterior creación de Château Musar en 1930 por Gaston Hochar. La región de Anjar, pese a su importancia arqueológica —alberga el único conjunto palatino omeya conservado de Siria-Palestina, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984—, ha permanecido en la sombra vitivinícola de Záhle y Ksara. El conflicto civil libanés (1975-1990) devastó muchos viñedos, pero la reconstrucción posterior revitalizó la producción en toda la Bekaa, incluyendo el entorno de Anjar.