Cuna de los vinos generosos más célebres del mundo, Andalucía alberga Jerez, Manzanilla y Montilla-Moriles, estilos únicos forjados por el sol atlántico y la magia oxidativa del sistema de soleras. Una región d
Situada en el extremo sur de la Península Ibérica, Andalucía ocupa aproximadamente entre los 36° y 38° N y los 2° y 7° O. Las zonas vinícolas principales se distribuyen en torno al Atlántico (provincia de Cádiz y Huelva) y el interior montañoso (Córdoba y Málaga). El Marco de Jerez se extiende entre las ciudades de Jerez de la Frontera, Sanlúcar de Barrameda y El Puerto de Santa María, a escasos kilómetros del océano Atlántico. Montilla-Moriles ocupa las campiñas de Córdoba, mientras que Málaga y Sierras de Málaga se asoman al mar Mediterráneo. El río Guadalquivir articula buena parte del territorio noroccidental.
Denominaciones de Origen (D.O.) reguladas por el Ministerio de Agricultura de España y sus respectivos Consejos Reguladores: D.O. Jerez-Xérès-Sherry, D.O. Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda, D.O. Montilla-Moriles, D.O. Málaga, D.O. Sierras de Málaga y D.O. Condado de Huelva.
Las viñas del Marco de Jerez se sitúan entre 20 y 150 m s.n.m. en suaves lomas. Montilla-Moriles alcanza los 400-600 m en su zona de Moriles Alto y Sierra. Sierras de Málaga llega hasta los 800-1.000 m en la Serranía de Ronda.
Aproximadamente 40.000 ha en conjunto para todas las D.O. andaluzas; el Marco de Jerez cuenta con unas 6.500 ha en producción activa, Montilla-Moriles con alrededor de 6.000 ha y Sierras de Málaga-Málaga con cerca de 1.200 ha.
El Marco de Jerez goza de un clima atlántico-mediterráneo con influencia oceánica: veranos muy secos y calurosos (hasta 40 °C), inviernos suaves y lluvias concentradas entre octubre y abril. El viento de poniente aporta humedad atlántica esencial para el desarrollo del velo de flor (Saccharomyces beticus) que cubre los finos y manzanillas. El suelo estrella es la albariza, caliza blanca de alta porosidad capaz de retener la humedad invernal y reflejar el sol estival sobre la vid. Montilla-Moriles presenta clima continental más extremo, con suelos arcillo-calcáreos y caliza. Sierras de Málaga combina influencias mediterráneas y de altitud, con suelos pizarrosos, esquistos y calcáreos que otorgan mineralidad y frescura a sus tintos y blancos. Estos terroirs definen los perfiles oxidativos y biológicos únicos de Andalucía.
Vino generoso seco criado bajo velo de flor en botas de roble americano, pálido y salino.
Fino elaborado exclusivamente en Sanlúcar de Barrameda, con marcada salinidad atlántica y extrema delicadeza.
Vino que ha perdido el velo de flor y continúa crianza oxidativa, con notas avellana-nuez y color ámbar.
Generoso criado íntegramente de forma oxidativa, oscuro, seco y de gran estructura.
Estilo raro entre amontillado y oloroso, nariz fina y paladar untuoso.
Vino dulce de uva sobremadurada-asoleo, denso, oscuro y con aromas de pasa e higo.
Oloroso suavizado con mosto dulce o PX, estilo semidulce de exportación clásica.
Elaborado con Pedro Ximénez, sin encabezado o con mínimo, análogo al fino jerezano pero de Córdoba.
Generosos y licorosos dulces de Moscatel y PX con denominación propia y añada o solera.
La presencia vinícola en Andalucía se remonta a los fenicios, quienes fundaron Gadir (Cádiz) hacia el siglo IX a.C. y extendieron el cultivo de la vid. Los romanos consolidaron la producción: Columela, nacido en Cádiz en el siglo I d.C., describió técnicas vitícolas en su tratado De Re Rustica. Tras la dominación musulmana (711-1492), que no erradicó del todo el cultivo, la Reconquista reactivó las exportaciones. En el siglo XVI el vino de Jerez —anglicizado como 'Sherry'— conquistó la corte inglesa; Shakespeare lo menciona en Enrique IV. El sistema de soleras, que garantiza consistencia entre añadas, se perfeccionó en el siglo XIX. Las grandes casas (González Byass, Osborne, Lustau) consolidaron el estilo a escala industrial. La filoxera devastó el viñedo andaluz en la segunda mitad del siglo XIX, obligando al reinjerto sobre porta-injertos americanos. En el siglo XX el Consejo Regulador de Jerez (fundado en 1933) estableció la normativa moderna. Desde los años 2000, una generación de productores artesanales ha revitalizado los vinos de añada y las manzanillas en rama.