En la meseta central de Anatolia, una de las cunas vitivinícolas más antiguas del mundo, las altitudes extremas y los suelos volcánicos moldean tintos de identidad propia a partir de cepas indígenas que no exis
La región comprende la meseta interior de Anatolia Central (İç Anadolu), a altitudes que oscilan entre los 900 y 1 400 m sobre el nivel del mar. Incluye la provincia de Nevşehir (Capadocia), la cuenca del río Kızılırmak —el más largo de Turquía—, la provincia de Ankara con el distrito vitivinícola de Kalecik, y se extiende hacia el este hasta los bordes de las provincias de Kayseri y Konya. Las ciudades de referencia son Ankara (capital), Ürgüp, Nevşehir y Kayseri. Coordenadas aproximadas: 38°–40° N, 33°–36° E. Sin influencia marítima directa, el clima es puramente continental en su versión más extrema.
Turquía no cuenta con un sistema de denominaciones de origen estructurado equivalente al AOC o DOCa europeos. Existe el registro de Indicaciones Geográficas (Coğrafi İşaret) del Instituto Turco de Patentes y Marcas (TÜRKPATENT), bajo el cual algunas bodegas y zonas están en proceso de reconocimiento. El sector se rige además por la regulación de TAPDK (Autoridad de Regulación del Tabaco y el Alcohol). La categoría principal de calidad es 'Kaliteli Şarap' (vino de calidad) con mención de origen geográfico.
900–1 400 m s. n. m. El relieve es de meseta volcánica con interrupciones de valles fluviales, conos y formaciones de toba volcánica características de Capadocia. La altitud es el principal moderador térmico de la zona.
Se estiman entre 5 000 y 8 000 ha de viñedo en el conjunto de la meseta anatólica central, aunque las cifras oficiales varían; Capadocia concentra varias centenas de hectáreas de producción de calidad orientada a la exportación.
El clima es continental extremo: inviernos largos y muy fríos (temperaturas de –15 °C a –20 °C) que obligan a enterrar las cepas para protegerlas de las heladas, y veranos secos y calurosos con amplitudes térmicas diarias de hasta 20 °C. Las precipitaciones anuales no superan los 350–450 mm, por lo que la viticultura depende de lluvias primaverales y del riego controlado. Los suelos son de origen volcánico (toba, ignimbrita, cenizas volcánicas) en Capadocia —porosos, bien drenados y de baja fertilidad—, con presencia de caliza y arcilla en las zonas más septentrionales hacia Kalecik. La altitud alarga el ciclo vegetativo, conservando la acidez natural de la uva y aportando frescura aromática. El resultado son tintos de color intenso, taninos firmes, buena estructura y perfil especiado que contrastan con la exuberancia frutada de regiones más cálidas.
Tinto de cuerpo medio, color rubí brillante, aromas de cereza fresca, frambuesa y especias suaves; taninos sedosos y final frutal, considerado el Pinot Noir turco.
Tinto de cuerpo generoso con notas de mora, ciruela y cuero; estructura tánica pronunciada y buena capacidad de envejecimiento.
Ensamblajes de Kalecik Karası con Boğazkere o Papazkarası que buscan complejidad estructural y expresión terroir de la meseta.
Anatolia es considerada por los arqueólogos y ampelógrafos como una de las regiones originarias de la viticultura mundial: restos de semillas de Vitis vinifera cultivada hallados en yacimientos de Çatalhöyük y otras zonas de la meseta datan del VII–VI milenio a. C. Hititas, frigios, griegos y romanos cultivaron la vid en estas tierras, y los mosaicos y ánforas encontrados en toda la región confirman una cultura vinícola ininterrumpida durante milenios. Con la llegada del Islam a partir del siglo VII d. C. la producción se redujo pero nunca desapareció, mantenida por comunidades armenias, griegas y sirias. La fundación de la República de Turquía en 1923 bajo Atatürk marcó un punto de inflexión: el Estado impulsó la viticultura moderna y se fundaron las primeras bodegas comerciales de gran escala en las décadas de 1920 y 1930. Kavaklıdere (fundada en Ankara en 1929) y Doluca son ejemplos emblemáticos de esa modernización. A partir de los años 2000 una nueva generación de bodegueros de boutique en Capadocia y la cuenca del Kızılırmak ha relanzado la identidad del vino anatólico en mercados internacionales, poniendo en valor las variedades autóctonas.