El Alentejo es la región vinícola más grande y dinámica de Portugal continental, conocida por tintos opulentos y blancos aromáticos producidos en un vasto paisaje de planicies doradas salpicadas de encinares. S
El Alentejo ocupa el interior sur de Portugal, al este del río Sado y al norte del Algarve, bordeando España (Extremadura) al este. Abarca aproximadamente entre las latitudes 37° y 39° N y las longitudes 7° y 8° O. La región administrativa cubre cerca del 30% del territorio portugués. Las ciudades de referencia son Évora (capital, Patrimonio UNESCO), Beja, Portalegre y Estremoz. Se articula en ocho subregiones: Portalegre, Borba, Redondo, Évora, Granja-Amareleja, Vidigueira, Moura y Reguengos. El río Guadiana atraviesa su flanco oriental.
DOC Alentejo (Denominação de Origem Controlada) con ocho subzonas reconocidas; existe también la categoría regional Vinho Regional Alentejano que permite mayor flexibilidad varietal.
La mayor parte de la región se sitúa entre 100 y 400 m sobre el nivel del mar. La subregión de Portalegre, en la Serra de São Mamede, alcanza los 900–1 000 m, siendo la de mayor altitud y más fresca del conjunto.
Aproximadamente 22 000–25 000 hectáreas de viñedo registradas bajo la DOC y el Vinho Regional, según datos del IVV (Instituto da Vinha e do Vinho).
El Alentejo presenta un clima mediterráneo continental con marcada influencia atlántica atenuada por la distancia al océano. Los veranos son calurosos y secos, con temperaturas que superan frecuentemente los 40 °C, y los inviernos moderadamente fríos. La precipitación anual oscila entre 400 y 700 mm, concentrada en otoño e invierno. Los suelos predominantes son esquistos (pizarras) y granitos en Portalegre; arcillas calcáreas y suelos franco-arcillosos de color rojizo ('barro vermelho') en Évora, Borba y Estremoz; y suelos arenosos y graníticos en Reguengos. La amplitud térmica diurna, especialmente pronunciada en las cotas más altas, favorece la retención de acidez y aromas en los vinos. El granito y la pizarra aportan mineralidad y finura; las arcillas calcáreas producen tintos más estructurados y con gran potencial de guarda.
Vinos de cuerpo pleno, taninos maduros y notas de fruta oscura, balsámicas y especiadas, con capacidad de envejecimiento de 5 a 15 años.
Estilo frutal, accesible y de consumo temprano, elaborado con maceración corta para resaltar la fruta fresca.
Blancos de perfil aromático con notas cítricas, florales y de fruta tropical, con buena frescura gracias a la altitud o la fermentación en frío.
Blancos con crianza sobre lías en roble que ganan textura, complejidad y potencial de guarda.
La historia vitivinícola del Alentejo se remonta a la ocupación romana; la ciudad de Évora, fundada como Liberalitas Julia, fue un centro administrativo donde el vino jugaba un papel central en la vida cotidiana, como atestiguan los lagares excavados en la región. Durante la Reconquista cristiana (siglos XII–XIV), las Órdenes Militares y monasterios como el de São Bento de Cástris mantuvieron y expandieron los viñedos. En la época de los Descubrimientos (siglos XV–XVI), el vino alentejano abastecía parcialmente las flotas portuguesas. Sin embargo, la región pasó siglos relegada a un segundo plano frente al Douro y el Algarve, con una viticultura de subsistencia dominada por grandes latifundios ('herdades'). La transformación radical llegó en las décadas de 1980 y 1990 con la inversión en tecnología enológica —especialmente en vinificación en frío para los blancos— y la llegada de consultores como João Portugal Ramos. La DOC Alentejo fue formalizada en 1988. Desde entonces, la región ha pasado a ser la más consumida en el mercado interno portugués y una de las exportaciones vinícolas de mayor crecimiento del país.